Su intensa mirada

Estábamos sedientos y hambrientos. Ni siquiera sabíamos qué hora era, pero era consciente de que llevábamos al menos una hora tumbados uno al lado del otro hablando.

Decidimos que era el momento, el momento de vernos por primera vez...

A tientas buscamos nuestros respectivos pijamas y nos los pusimos. Yo, en un ataque de nerviosismo, me espanté al palpar mi pelo enmarañado y deshecho y me apresuré a hacerme una coleta lo más rápido que pude mientras intentaba localizar mi botella de agua y la comida que había comprado entre la más negra oscuridad.

ÉL se sentó con la espalda apoyada en el cabecero y yo me senté al otro extremo de la cama, cara a ÉL.

Encendió la luz, que me cegó y me hizo cerrar los ojos. Por un instante temí abrirlos, era el momento de la verdad. Parpadeando mis pupilas fueron acostumbrándose al torrente de luz que ahora iluminaba la habitación. De repente me daba vergüenza enfrentarme a su mirada, así que empecé a subir la vista poco a poco desde sus rodillas flexionadas.

Llevaba un esperpéntico pijama amarillo lleno de Mr. Beans de dibujos. Una sonrisa se dibujó en mi cara y me infundió un poco más de coraje pero, al llegar a su cara se me cortó la respiración. Dos ojos enormes me miraban sin pestañear.

No podría decir si me pareció guapo o no, ahí estaban esos ojos abiertos como platos, con la mirada fija en mí, sin moverse. No pude aguantar el intercambio y me dediqué a sacar la comida, intimidada. Le hablé de lo que había traído y de otras vanalidades, intentando en todo momento evitar esos dos faros fijos en mí. ÉL apenas emitía monosílabos, estaba pasmado, pero yo no era capaz de identificar si era algo bueno o malo... ¡o tal vez era su forma de mirar! ¿Cómo iba a saberlo yo si era la primera vez que le veía en mi vida?

Pronto nos quedamos sin tema trivial de conversación por lo que bastante cortada le propuse que durmiéramos un rato (¡¡eran las tres y media de la madrugada!!). ÉL aceptó, apagó la luz y nos dimos las buenas noches.

Durmió en el lado izquierdo de la cama, justo al borde, dándome la espalda. Una cosa sí era cierta, era muy alto. Me quedé dormida intentando asimilar todo lo que había pasado esa noche. Entendía que ÉL estuviera de algún modo en estado de shock, ¡yo lo estaba! pero mientras me quedaba dormida valoré que la situación era demasiado incómoda como para que saliera bien...

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Me equivocaba...

4 comentarios:

Aliena 16 de agosto de 2010, 15:59  

Lo que no entiendo es cómo pudísteis dormir algo...jajaja

La gata 23 de agosto de 2010, 18:14  

Qué corte, no?? Ufff... yo no hubiea sabido qué decir, me hubiera puesto histérica perdida.

Por cierto, me he partido ocn el pijama de Mr Beans!! xDDDDDDDDD!!!!!
Nunca lo hubiera imaginado, jajajaaa!

Y sí, como te decía en el anterior comentario: demasiado surrealista la situación como para que saliera bien... y en cambio, salió bien, no?
Estas cosas del amor, son imprevisibles!

Besos

Lorena 5 de septiembre de 2010, 22:44  

Ay, Aliena, es que estábamos agotados!!
Besos!

Lorena 5 de septiembre de 2010, 22:45  

Hola La gata! Salió bien, sí... con final triste, pero imborrable historia :)
Besos!

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