Mi alma gemela

Los días pasaban como en una nube y las noches eran un delicioso cóctel multicolor de risas, complicidad, confidencias, deseo, fantasía, sensualidad, amor...

Jamás discutimos. Ni una sola vez. Llevábamos casi tres meses hablando cada noche durante horas y no habíamos encontrado ni un solo desacuerdo entre nosotros. Pero no porque nos diéramos mutuamente la razón, por supuesto teníamos puntos de vista distintos sobre algunos temas, pero nunca fueron contrarios, sino complementarios. ÉL me adoraba, lo sé, y no hay palabras para expresar lo que yo sentía por ÉL. Era mágico. Algo sólo explicable por haber encontrado a tu alma gemela. Era como abrazar el amor. Me sentía tan completa...

Había pasado Carnaval y yo había enviado una foto a la delegación de Málaga (en realidad era una excusa para enviársela a ÉL), en la que sólo se veía mi cara junto a la de una amiga, disfrazadas y sonrientes. ÉL, en cuanto todos se iban de la oficina, abría esa foto y la miraba incansablemente durante horas, a menudo mientras hablábamos.

Las únicas noches que apenas podíamos llamarnos eran las noches que ÉL pasaba con su novia. Como sólo libraba un día a la semana, se iban juntos a una casa que ella tenía en un pueblo en el que apenas había cobertura. ÉL me llamaba de camino allí y hablábamos durante los 45 minutos que le costaba llegar. Aún así, al parecer, ÉL encontró un par de puntos (creo recordar que en la terraza de la casa y encima de un mueble del comedor) donde tenía una rayita de cobertura y dejaba el móvil permanentemente allí para contestar compulsivamente a los pocos mensajes que yo le enviaba cuando sabía que estaba con ella.

Por extraño que parezca, como yo le había conocido en esa situación, a mí no me molestaban esas noches, le echaba terriblemente de menos, pero jamás sentí celos ni nada parecido. De algún modo yo sentía que lo nuestro estaba por encima de aquello, que era algo ajeno, algo solamente nuestro, suyo y mío y de nadie más, y era tan especial que no parecía siquiera terrenal.

Yo le quería. Estaba totalmente entregada a un sentimiento que me superaba, que me hacía claudicar de querer resguardarme, de intentar protegerme. ÉL era más de lo que yo nunca soñé encontrar. No sólo es que fuese inteligente, despierto, ocurrente, simpático, gracioso, dulce y tierno. Es que había algo en ÉL, algo no expresable, como un halo de ternura y paz, que me hacía querer fundirme en ÉL, no separarme nunca de su lado. Y podía notar que ÉL sentía lo mismo. ¿Hay algo más mágico que eso?.

Pero claro, cuanto más me fundía con J en este amor tan extraordinario, más empequeñecido quedaba el cariño que yo sentía por el que aún era mi novio. Un cariño que, aunque profundo, no podía compararse a lo que estaba sintiendo por otra persona.

Mis pensamientos eran todos para J y yo no podía seguir yendo a esconderme para enviarle un mensaje como aquella noche en la que, estando con mi novio en una sala de baile, sonó una versión en bachata de "My All" de Mariah Carey. Hacía unas semanas yo se la había cantado a J por teléfono y ÉL me confesaría más tarde que, mientras me escuchaba en silencio, estuvo convencido de estar enamorado de mí.

Al escuchar la versión de la canción, me fui al cuarto de baño sólo para enviarle un mensaje a J y decirle que estaba sonando esa canción, que me acordaba de él y que no veía el momento de que volviéramos a hablar.

En ese momento, escondida de mi novio en el cuarto de baño, supe que no podía demorarlo más así que un día de principios de marzo le dejé. Fue una ruptura traumática aunque yo hoy por hoy sé que este otro chico tampoco estaba realmente enamorado de mí.

Y ahí estaba yo, compuesta y sin novio y, sin embargo, dichosa, completa y arrebatadoramente ilusionada... de un chico al que jamás había visto.

Cuando le conté que había dejado a (ahora ya) mi ex, ÉL se preocupó por haber sido el causante de la ruptura, por haberle hecho daño a una tercera persona que ninguna culpa tenía de lo que había pasado entre nosotros.

Yo le expliqué que la única responsable era yo, ya que no le había dejado por ÉL sino porque había comprendido que no tenía sentido seguir manteniendo una relación cuando sabes que otros sentimientos, otras sensaciones y otra vida existen ahí fuera. Es posible que alguien nunca haya sentido el amor verdadero y, por este motivo, crea que no existe nada mayor a lo que siente en ese momento. Yo había perdido esa "inocencia", sabía que mi corazón podía latir más y más fuerte de lo que latía por mi ex y en consecuencia ya no podría nunca seguir con él.

Ahora ansiaba ese amor, esa plenitud. De hecho, todavía la ansío. Me he convertido en una inconformista. He sentido el amor verdadero, ya no quiero menos que eso...

6 comentarios:

Macoca 11 de agosto de 2010, 1:40  

En alguna ocasión, cuando leí este blog, Lore, te escribí algunos comentarios, pero no se podían enviar, Así q aprovecho ahora, jeje.

La última frase me encantó. Me parece bien y espero que la encuentres, q todos podamos encontrar ese tipo de amor q hace q el corazón lata fuerte q casi no se pueda respirar.

Un abrazo.

Aliena 16 de agosto de 2010, 15:22  

Cómo tener la certeza de que no hay algo más intenso que aquello??? lo que es seguro es que sí que hay en algún lugar alguien con quien puede surgir un sentimiento por lo menos de igual intensidad que el vivido con ÉL :)

La gata 21 de agosto de 2010, 23:17  

Vaya, empiezo a ver algunos puntos en común entre tu historia y la mía con mi novio. (La que considero también la gran historia de amor de mi vida). Él y yo, como tú y J, también trabajamos juntos. Aunque en nuestro caso, los dos en la misma ciudad.
Bueno, pues cuando lo conocí, estaba todavía con mi ex. Y la relación estaba, como te pasaba a ti, en peligro de extinción. Pero más que el lince ibérico!!! Llevábamos 5 años juntos ya, y era pura rutina. Estar juntos por estar, por miedo a no estar solos. Bueno, claro, nos queríamos, pero ya no era lo mismo. Teníamos muchas discusiones y puntos divergentes. Y yo cada vez estaba menos enamorada de él.

En cambio, cuando conocí a mi actual novio, sentí un flechazo bestial...Pensé: es ÉL.Tuve esa intuición. Algo que yo pensaba que sólo ocurría en las pelis o las novelas románticas. Pero no, a mí me pasó.

En fin, que no paraba de pensar en él, todo el día, a todas horas. Menos mal que no trabajábamos juntos, codo con codo!

Aunque por aquel entonces, él tenía novia y yo, novio, me imaginaba junto a él, cómo serían sus besos,cómo sería estar con él, dormir con él.... Todo.
Y cada vez sentía menos amor por mi entonces novio. Cada vez me aburría más con él. Y me sentía tan culpable...

Al final, lo dejé, porque la sitación entre nosotros era insostenible. Pero no lo dejé por mi actual novio, eso vino tiempo después.
Pero aun así, me sentía fatal.

Ahora, dos años después, con perspectiva, no me martirizo con la culpa: el amor es así, imprevisible e incontrolable. Podía haberle pasado a él, como me pasó a mí. Nadie tiene la culpa de enamorarse de otra persona, no?

Vaya rollo te he soltado...!
En fin..., que me tiene enganchadísima esta historia!

Un beso!

Lorena 5 de septiembre de 2010, 22:54  

Hola Macoca! Pues que así sea para ti también! :)
Besos!

Lorena 5 de septiembre de 2010, 22:57  

Hola Aliena! En eso confío :)
Besos!

Lorena 5 de septiembre de 2010, 23:05  

Hola La gata! Claro, es que es muy fácil juzgar las cosas como buenas o malas, pero la vida está llena de grises y, a veces, cuando algo tan fuerte como el amor dice tu nombre, no puedes simplemente ignorarlo...
Besos!

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