Las noches sin dormir y el sexo telefónico

Cada noche, mientras esperaba su llamada o su ok para que le llamara yo, me sentía feliz. Era el mejor momento del día.

Jamás había conocido a una persona como J. No es que nunca hubiese conocido a un chico como ÉL, es que nunca había conocido a ninguna persona, hombre o mujer, con ese carisma, esa candidez, esa dulzura, ese ingenio y, encima, esa gracia andaluza que me volvía loca.

Cada vez era más difícil colgar. Las horas pasaban y pasaban mientras los dos nos descubríamos, mientras nos conocíamos profundamente, mientras nos empapábamos el uno del otro.

Así empezaron las noches sin dormir. Comenzábamos a hablar sobre las 0:00h y, a menudo, colgábamos a las 7:00h para ducharnos e ir al trabajo, donde por supuesto nos las ingeniábamos para seguir en contacto todo el día. Jamás he dormido tan poco. Si no coincidíamos en el turno, yo tenía el encargo de llamarle para despertarle.

"Buenos días", le decía yo. "No hay forma más dulce de despertar" me decía ÉL...

Sólo tenía su voz y aún así me sentía plena, dichosa. Me aprendí cada inflexión de su voz, cada matiz. Aún ahora puedo saber perfectamente qué le pasa o de qué humor concreto está sólo con escuchar su "hola" al descolgar el teléfono.

El vínculo que se iba formando entre nosotros era fortísimo y teníamos una confianza ciega el uno en el otro. ÉL me confesó que pese a lo que yo pudiera pensar, era muy reservado. Me lo dijo porque estaba tremendamente asombrado de lo fácilmente que yo había llegado a su "núcleo" como ÉL lo llama. A mí me hizo gracia la expresión y así nació un término recurrente que utilizaríamos (y a veces aún utilizamos): las capas de valencia de J. Los conocidos de J se agrupan en diferentes capas de valencia según su proximidad al núcleo. Yo era su protón, me decía...

Una noche, mientras alucinábamos por la última y sorprendente coincidencia entre ambos, ÉL me dijo: "Yo... yo... bueno... no sé tú... pero yo... hoy no, pero puede que mañana esté locamente enamorado de ti". El corazón me latió a mil por hora y se hizo un pequeño silencio. Al principio decidí reírme y quitarle hierro al asunto, pero sabía que J estaba sintiendo por mí exactamente lo mismo que yo por ÉL. También esta frase se hizo recurrente en nuestras conversaciones. La usábamos para casi todo: "Yo hoy no, pero puede que mañana tenga ganas de comer kebab (o shawarma como se dice allí)" y así.

Durante horas y noches, me habló de su familia, de su admiración por su madre, de sus problemas con su padre, del matrimonio fallido de ambos, de su amor y devoción por su abuelo, del cariño que le tenía a su primo, que es para él como el hermano pequeño que nunca tuvo.

Yo le conté mil cosas sobre mí, sobre mi familia, sobre mis teorías de la vida (tengo varias, algún día las escribiré). Yo me embebía de la admiración que ÉL me profesaba y, a la vez, yo le adoraba como se adora a esas personas extraordinarias capaces de cambiar tu vida y la vida de las personas que les rodean, esas personas únicas que a cambio de nada te llenan, que son como una brisa fresca y, a la vez, como una oleada de calor por dentro.

Me sentía abrumadoramente afortunada. A menudo le decía que le agradecía aquella vacilada de darme su número y ÉL me decía que la suerte era suya porque yo le había contestado. Yo solía decirle tiernamente: "qué guapo eres...". Refiriéndome, por supuesto a su hermosura como persona ya que seguía sin haberle visto siquiera en foto. Cada vez que le decía esto, le oía suspirar y nos quedábamos un momento en silencio. Le encantaba.

J había empezado con los apelativos cariñosos tan típicos de los andaluces: "cielo", "reina", "cariño" incluso, "corazón", "preciosa", etc. Después yo me uní y también se lo decía. Al poco, ya me decía "me vuelves loco" o, en plan más gracioso y más andaluz: "se me cae la picha a trozos contigo" o "estoy fritito por ti". A mí me hacían tanta gracia sus expresiones...

Y tonteábamos... claro que sí. Teníamos tanta confianza que nos íbamos haciendo bromas cada vez más intencionadamente picantes. Un día le dije: "si seguimos así, dentro de dos semanas nos veo teniendo sexo telefónico". Se partió de la risa, ni siquiera podía imaginarse qué era eso. Yo no me equivocaba.

Así, un día, empezamos con una de esas bromas pero esa vez no la soltamos. Seguimos y seguimos hasta que incluso nuestro tono de voz ya no denotaba gracia, sino emoción. Despacio, con cautela, empezamos a decirnos qué nos gustaría que pasara de estar los dos juntos.

Yo estaba nerviosa, frenética, y a la vez intentaba que mi voz sonara calmada y tranquila mientras le describía de qué forma me habría gustado estar besándole. ÉL me respondía del mismo modo. Yo notaba como mi respiración se aceleraba con cada frase suya: "Te abrazaría y te apretaría tan fuerte contra mí mientras te beso apasionada y profundamente..."

Seguimos subiendo el tono y, por la vergüenza, empezamos a utilizar eufemismos: "Te acariciaría con las yemas de mis dedos y recorrería tu costado, lentamente, suavemente, hasta llegar a... a... ... tu vientre..."

ÉL me dijo en un susurro que estaba muy excitado. Yo le dije que yo también. Tenía las mejillas ardiendo, el corazón desbocado. Todo mi cuerpo le deseaba a morir.

No hizo falta ser claros y precisos. Entre los dos describimos cómo y cuánto nos gustaría estar haciendo el amor. Empezamos a jadear quedamente y le pregunté si se estaba "acariciando" (de nuevo los eufemismos). ÉL me confesó que sí, que no lo podía evitar, que no podía aguantar. Me recorrió un dulce escalofrío por la espalda y le imité.

Apenas hablábamos, sólo nos escuchábamos respirar y jadear al otro lado del teléfono. Los jadeos se convirtieron en suaves gemidos por parte de ambos y el ritmo se incrementó hasta que le oí decir: "Lore...!" y eso me volvió loca de placer.

Cuando el ritmo empezó a relajarse los dos estábamos en silencio. "Hola" le dije y ÉL contestó "ufff... increíble..."

Y entonces lo dijo. Me dijo: "Te quiero, Lore. Estoy enamorado de ti. Eres lo más increíble que me ha pasado en la vida". Yo podía oír los latidos de mi corazón de nuevo y le respondí que yo también de ÉL. Entonces se hizo el silencio. Pero no un silencio incómodo, sino un silencio de felicidad, de plenitud. He leído que cuando dos personas están muy cerca, juntas, sus corazones se sincronizan. Apostaría a que los nuestros latían a la vez en ese preciso instante.

8 comentarios:

Amantis 1 de noviembre de 2009, 18:09  

Me encanta la forma en la que escribes...has hecho que sienta como si estuviera al telefono a la misma vez, oyendo todos vuestros gemidos! Es la mayor y mejor historia de amor que jamas halla leido.

Yo 1 de noviembre de 2009, 21:08  

Hola Amantis! Muchísimas gracias por el comentario, me encanta que te guste :)
Besos y gracias también por leerme!

Zruspa_JB 7 de agosto de 2010, 22:20  

"Entonces se hizo el silencio. Pero no un silencio incómodo, sino un silencio de felicidad, de plenitud."

Siempre he dicho que sabes que una persona sabes que es para ti y tú para ella cuando podéis estar juntos, mirandoos, durante un minuto sin que ninguno de los dos sienta la necesidad de romper el embrujo del silencio

Evidentemente por taléfono también es aplicable

Conozco muy bien estas sensaciones... a veces pienso que son CASI los mejores momentos de una relación... espero, sinceramente y desde lo más "jondo" de mi corazón que lo vuelvas a sentir, que encuentres un ÉL que haga que te tiemblen las rodillas con cada beso suyo.

Un besazo salada!!

Lorena 7 de agosto de 2010, 22:43  

Hola Zruspa! Yo también lo espero y lo deseo y te deseo lo mismo a ti!! :)
Besos!

Aliena 16 de agosto de 2010, 15:08  

Vaya...me estás dejando sin palabras...yo creía que nuestras historias eran muy diferentes pero al menos en el comienzo te aseguro que ya hay bastantes similitudes...el deseo y la pasión en la distancia...estoy reviviendo las mismas sensaciones que yo tuve al principio con mi ÉL...

La gata 21 de agosto de 2010, 23:03  

WOW! Qué erótico, y a la vez, qué bonito!! No es fácil ni habitual conseguir esa sincronía con alguien a quien no has visto nunca, y que vive tan lejos...
Aunque, posiblemente eso era lo que lo hacía tan mágico, no? El misterio, el fantasear sobre cómo será el otro, cómo serán sus besos, sus abrazos...
Me ha entantado!


Besos!

Lorena 5 de septiembre de 2010, 22:51  

Hola Aliena! Espero que sean buenas sensaciones!
Besos!

Lorena 5 de septiembre de 2010, 22:52  

Hola La gata! Por supuesto que el no saber nada el uno del otro tenía mucho morbo, pero sobre todo era la conexión tan especial que había (... y hay) entre nosotros!
Besos!

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