Piel con piel

Oigo cómo se acerca a donde yo estoy. No le he visto nunca, pero le imagino con los brazos extendidos para no chocar. "Hola" dice de nuevo. "Hola" le contesto. Se pone a mi derecha de cara a mí. Busco su brazo en la oscuridad y cojo su mano. La subo y la pongo debajo de mi cuello, en mi pecho, para que sienta los latidos de mi corazón, esos que están martilleando mis oídos y haciendo palpitar mi cuello de la intensidad.

ÉL deja su mano ahí por unos instantes, la mía sobre la suya. No se acarician, sólo yace una posada sobre la otra. Su piel es sorprendentemente suave. Siento sus yemas, frías por el nerviosismo, en contacto con mi cuello y mi pecho. Pasan unos segundos en silencio.

Entonces, suavemente, gira su mano para asir la mía y la dirige hacia mi derecha, hacia el espacio que intuyo ocupa su cuerpo. Nuestras manos dibujan una diagonal descendente y de repente dudo. Pero no sobre qué es lo que ÉL quiere que toque, sino sobre si debería moverme hacia la derecha para estar de frente a ÉL. Mi frenada en el descenso le hace creer que yo he malpensado acerca de sus intenciones. "No, no, no quería que tocaras "eso"", me dice. Su voz suena tan distinta y familiar a la vez... Risas nerviosas. Finalmente me sitúo delante de ÉL. Mi mano todavía asida por la suya y ÉL continúa hasta ponerla encima de su pierna derecha. Está temblando...

Me quedo inmóvil unos segundos, que parecen minutos, inmersa en ese océano de sensaciones que estoy experimentando: nervios, ilusión, curiosidad, histeria, deseo... y, justo entonces, cogiéndome de mi camiseta del pijama, tira de mí hasta que nuestras caras se encuentran. Su frente roza la mía y en ese momento sus labios buscan a ciegas los míos y se juntan en un corto y suave primer beso. Es un beso de tanteo. Su boca está entreabierta, respiro su aliento, sus labios son cálidos, quiero más. Le beso mientras subo mis manos para rodear su cuello. ÉL responde a mi beso con uno apasionado, con la boca abierta, su lengua acariciando la mía.

Su espalda está apoyada en la pared. Como es mucho más alto que yo, tiene los pies abiertos y muy separados de la pared, para poder estar más bajo. Yo estoy entre sus piernas y, a pesar de su esfuerzo, tengo que estar de puntillas.

Nuestras bocas no se separan, es tanta la intensidad de sus besos que, sin querer, me empuja todo el tiempo hacia atrás, venciendo mi resistencia. Cada vez que se da cuenta, me coge de la parte delantera de mi camiseta del pijama y tira nuevamente de mí hacia ÉL. Me siento pequeña a su lado y eso me hace sonreír.

Con mucho esfuerzo, me separo de su boca y empiezo a besarle el cuello. Le gusta. No gime, pero suspira, suspira excitado y eso me excita a mí. Sus manos inquietas en mi espalda me aprietan contra su pecho. No dejo de besarle, bajo desde su oreja hasta la base de su cuello. Su barba, a pesar de estar afeitada, me roza la piel. Es una sensación maravillosa. Mi lengua dibuja movimientos en la parte delantera de su cuello, subiendo desde su pecho hasta morder su barbilla después de lamer su nuez.

Me coge de la cabeza y lleva mi boca a la suya. Me besa con mucha más intensidad que antes, algo que no creía que fuera posible. Devuelve mis atenciones besando mi cuello, respirando en mi oído, mientras sus manos están a ambos lados de mi cabeza sujetándome, no dejándome mover... como si yo fuera a hacerlo...

Suavemente empieza a empujarme hacia atrás, hacia la cama. ÉL me acompaña en el movimiento y pronto estamos los dos tumbados, ÉL sobre mí, entre mis piernas.

Sus caricias se intensifican y arrancan suaves gemidos de mi boca o, mejor dicho, de mi corazón. Mis manos aprietan su espalda frenéticas y atraen su cintura hacia la mía. Siento su excitación a través de la ropa mientras ÉL, con infinita delicadeza, me quita la camiseta del pijama. Yo le imito sin dejar de besarle y me abrazo a ÉL en un intento de fundir mi cuerpo con el suyo. Mi piel desnuda en contacto a la suya, increíblemente suave, por primera vez...

Premanecemos así abrazados unos instantes. Está encima de mí y sus brazos, larguísimos, me rodean a la altura de los hombros mientras mis manos acarician su espalda. Uno de los mejores abrazos de mi vida, sin duda...

Me da besos pequeños, suaves y dulces mientras desciende por mi cuello, hasta mi pecho desnudo. Gimo de placer...

Su mano derecha se coloca en mi cadera izquierda y tímidamente empieza a bajar mis pantalones. Yo le ayudo sin dejar de besarle ni un segundo. Los suyos también vuelan. No dejamos de movernos, de un lado al otro. Nuestras caricias se vuelven frenéticas, igual que nuestros besos y nuestros gemidos. Tener la cabeza apoyada en el colchón y el movimiento hacen que la venda que cubre mis ojos se salga constantemente. ÉL había estado recolocándomela a cada vez, pero creo que cuando dice "A la mierda" y me la quita, demuestra que se le ha acabado la paciencia. Se quita también la suya, pero la oscuridad es tal que apenas consigo distinguir formas.

Rodamos por la cama y nos prodigamos en placeres y en regalarle caricias al otro durante horas. ÉL alcanza el clímax antes que yo y, lejos de relajarse, me presta toda su exquisita dedicación hasta que irremediable lo alcanzo yo también sólo un par de minutos después. Exhaustos y satisfechos, nos dejamos caer uno al lado del otro, mi cabeza apoyada en su pecho, su brazo rodeándome, su cara (ésa que no he visto) junto a la mía...

J me regaló esa noche el momento más erótico de toda mi vida...

Los latidos del corazón

No sé cómo sucedió, ni qué me impulsó a hacerlo. Aunque recuerdo perfectamente el momento: estoy sentada en mi coche y me llama J por teléfono. No he tenido un buen día y me hace mucha falta hablar con ÉL. De repente le digo, en medio de una conversación de lo más normal:

- ¿Qué día libras la semana que viene? [bum-bum... bum-bum... bum-bum...]

(Un par de segundos de silencio)

- El miércoles... ¿por? - dice ÉL con voz precavida.

- Porque... me gustaría verte... [bumbumbumbum...]

(Un par de segundos de silencio)

- Pues podría ir... - dice con voz dubitativa ahora - Pero, ¿es en serio...?

(Un par de segundos de silencio)

- Sí... [bumbumbumbum...]

Un escalofrío recorre mi espalda y de repente, como si me hubiese atravesado una corriente eléctrica, la alegría me invade. Al otro lado del teléfono puedo percibir que ÉL se siente como yo.

- ¡Qué fuerte, qué fuerte! - dice J sin parar, pero se le nota que está sonriendo.

- Jajaja! - no puedo dejar de reírme, me siento pletórica, feliz.

Será el miércoles 7 de Abril de 2004. El destino ha querido que además ese miércoles sea justo el anterior al puente de Semana Santa y yo tengo vacaciones.

Miles de noches antes hemos fantaseado con cómo sería nuestro primer encuentro. Los dos somos conscientes de que todo va a cambiar a partir de esa primera vez que estemos uno frente al otro y... nos damos cuenta también de que lo nuestro podría acabarse ahí.

Todo ha sido precioso en la distancia, en el anonimato. Nos hemos amado de corazón, nos hemos abierto y expuesto a la otra persona. Nos hemos contado nuestros secretos más profundos, hemos escuchado a la otra persona gemir de placer incontables noches, hemos confesado miedos que nunca antes habíamos expresado. Pero... ¿y después? ¿qué pasará si no hay química? ¿y si no nos gustamos? El futuro es tan incierto...

Una noche, J me había dicho que no se resignaba a la idea de no llegar a besarme nunca y yo opiné que necesitaba hacer el amor con ÉL aunque fuera una sola vez...

Además, después de tanto que habíamos compartido, ¿cómo íbamos a quedar para tomar algo y hablar coloquialmente? Era demasiado frío, demasiado superficial para todo lo que ambos sentíamos...

Y así se le había ocurrido esa idea tan abrumadoramente descabellada y romántica a la vez: la primera vez que nos viéramos, no nos veríamos. Llevaríamos vendas en los ojos y nos besaríamos y haríamos el amor con ellas antes de quitárnolas y ver por primera vez a la otra persona.

Sé muy poco de ÉL físicamente. Sé que es muy alto, que mide más de 1,90m. Sé que es moreno y delgado y he oído un rumor de que entre los compañeros (o compañeras) de las oficinas de al lado a la suya le llaman "el George Clooney de Málaga". Pero lo cierto es que me da igual. No siento inquietud por si me gustará físicamente. J es J y yo le quiero sea como sea.

Los días van pasando entre planes, nervios, más nervios, ilusión y risas (nerviosas). Por fin voy a sentir su mano acariciar mi cara, por fin sentiré su boca en la mía, por fin podré olerle...

Lo tenemos todo planeado: yo reservaré el hotel. Llegaré antes que ÉL y con una de las copias de la llave de la habitación, dejaré mis cosas y luego me iré para darle tiempo a ÉL a llegar, ducharse y arreglarse (después de los 700 y pico kilómetros en coche). Yo volveré mientras ÉL aún esté en el baño y me pondré el pijama porque hemos decidido que ya habrá tiempo para ponernos deslumbrantemente guapos más adelante. Pasaremos la noche aquí en Castellón y luego al día siguiente (ÉL no tiene vacaciones y debe entrar a trabajar por la tarde) iremos juntos a Málaga para pasar 5 días allí.

Unos días antes del "día D" recibo un mensaje de J. Dice: "Por cierto, ¿te he comentado que ya no tengo novia? Te quiero, Lore." Yo no se lo había pedido, pero ese mensaje me hizo feliz. Era estupendo poder disfrutar FÍSICAMENTE de ÉL sin remordimientos, solos ÉL y yo.

El martes 6 apenas podemos dormir. Estamos muy nerviosos, ilusionados y hablando por teléfono como cada noche. A pesar de que no hacemos más que decirnos: "venga, que mañana tienes que hacer un viaje muy largo" o "va, que mañana quiero estar descansado", no podemos colgar. Al final, sobre la medianoche, nos damos las buenas noches con un "Hasta mañana, mi amor".

Y por fin es miércoles!! Tengo que ir a trabajar de 8h a 14:30h. La mañana empieza mal: J tiene problemas para encontrar algo que nos cubra los ojos. ÉL había pensado en comprar esos antifaces para dormir, pero no los encuentra en ningún sitio. Finalmente decide coger un par de pañuelos y se pone en marcha. Es tarde, es casi mediodía. Le voy llamando a lo largo de toda la mañana, le está costando llegar. Le envié unas indicaciones de la Guía Campsa, pero parece ser que elegí el camino más corto y éste le lleva por carreteras secundarias en vez de venir por la autopista que es mucho más fácil. Además ha tenido cierto problemilla con el coche...

Estoy muy nerviosa toda la mañana y ÉL confiesa que también. ¡Por fin dan las 14:30h! Salgo del trabajo, voy a casa, como y me hago la maleta. A mis padres les he mentido, les he dicho que me voy a Oropesa a pasar la noche en casa de una amiga y que al día siguiente nos iremos las dos hacía Málaga con unos primos de ella. Decirle a mis padres: "Voy a pasar la noche en un hotel con un chico al que nunca he visto y luego voy a pasar 5 días con ÉL en Málaga" me parece más de lo que mi madre puede soportar... Aunque yo no podría estar más convencida...

Cojo la maleta y llego al hotel. Me registro y les digo que mi acompañante llegará más tarde y que por favor guarden una de las tarjetas para ÉL.

Subo a la habitación y me quedo impresionada: es enorme y, lo mejor, tiene una cama "king-size" increíble.

Me quedo allí en la entrada con los ojos mirando cada rincón sin podérmelo creer...
[bum-bum... bum-bum... bum-bum,...]

Dejo la maleta en un lado de la habitación preguntándome qué sentirá ÉL cuando llegue y vea mi maleta ahí. Algo mío físicamente en el mismo espacio en el que se encuentre ÉL... por primera vez...
[bum-bum... bum-bum... bum-bum...]

Le envío un mensaje y le digo que le va a encantar la cama. "No tengo la más mínima duda" contesta ÉL socarronamente.
[bum-bum... bum-bum... bum-bum...]

Y me llega otro mensaje suyo. Dice: "Recuerda todo lo que hemos vivido y todo lo que nos ha traído hasta aquí, cariño, porque ésta es nuestra noche".

Entonces, veo una libreta de notas de esas que siempre hay en los hoteles y decido que será una bonita sorpresa dejarle una nota. "Pues ahora, recuérdalo todo tú porque ya se ha hecho realidad... ¡Besos! Lorena. P.D.: Recuerda que yo me quedo el lado derecho de la cama :)" y se la dejo en la almohada.

Me marcho de allí sabiendo que J está ya en Valencia. Al final se ha hecho tardísimo y son más de las 20h. Decido que es posible que no nos dé tiempo a cenar "después de" y en vistas a esto, compro algo para comer y una botella grande de agua. Espero estar sedienta a mitad noche...

J me llama, acaba de llegar al hotel. Ha flipado con la cama. "Me muero de ganas de que estés aquí" me dice.
[bum-bum... bum-bum... bum-bum...]

Voy hacia allí. Se ha puesto a llover torrencialmente. Decido coger un autobús (mi coche se queda en casa porque mañana viajaremos con el suyo). Estoy histérica. Tengo que hacerle una llamada perdida cuando llegue. ÉL me abrirá la puerta y se meterá de nuevo en el baño, para que yo pueda pasar a ponerme el pijama y la venda sin vernos.

Llego al hotel. Son casi las 22h. Subo a la segunda planta. La habitación 201 es la nuestra. Me quedo parada delante de la puerta. El móvil en la mano. El corazón desbocado.
[bumbumbumbumbumbum]

Me armo de valor. Llamo. Me quedo helada cuando oigo, a escasos 2 metros de mí sonar "The final countdown"!! Es ÉL!! Está AHÍ!!!! Sólo nos separa una pared!!!
[bumbumbumbumbumbumbumbumbumbumbumbum]

Alguien abre la puerta, oigo otra (la del baño) cerrarse. Entro en la habitación.
[bumbumbumbumbumbumbumbumbumbumbumbum]

Veo un pañuelo encima de la cama y, al lado, una preciosa rosa roja. Sonrío y la huelo. Me emociona y sonrío de nuevo. Oigo agua correr en el baño. J está a medio metro de mí.
[bumbumbumbumbumbumbumbumbumbumbumbum]

"Hola" dice de repente. Me sobresalto. Su voz, ésa que tantas veces y durante tantas horas he escuchado, me está hablando en directo a través de una pared. Suena algo distinta, pero es ÉL, no hay duda. "Hola!" respondo con la voz entrecortada y una risita un tanto histérica.
[bumbumbumbumbumbumbumbumbumbumbumbum]

Cierro las cortinas, apago la luz y compruebo que no se ve nada ni aunque no lleve la venda. Al final dejo encendida sólo la de la mesita. Me pongo el pijama y me siento en el borde de la cama. Veo mi nota, pero está cambiada. Ahora, debajo de lo que yo he escrito pone:
"Cariño, pase lo que pase, ha merecido la pena venir. Me encantas.
Me voy a duchar que tengo prisa!!!
J. ¿quién si no?"
[bumbumbumbumbumbumbumbumbumbumbumbum]

El agua sigue corriendo en el cuarto de baño. Bebo agua. Dejo la comida encima del escritorio. Bebo más agua. Tengo la boca y la garganta totalmente secas. Me pongo el pañuelo a modo de diadema después de comprobar que no veo nada cuando me tapo los ojos con él. Bebo más agua.
[bumbumbumbumbumbumbumbumbumbumbumbum]

"Salgo, eh?" dice SU voz. Apago la lámpara de la mesita. Miro el reflejo de la puerta del baño en el espejo del pasillo de la habitación. La puerta se abre, una rendija de luz se cuela. Deslizo la venda cubriendo mis ojos...
[BUMBUMBUMBUMBUMBUMBUMBUMBUMBUMBUM!!!]

Las crisis de Marzo de 2004

Y, claro, tenía que pasar. J tenía una semana de vacaciones y, por supuesto, ya tenía acordado pasar algunos de esos días de viaje con su novia. Iban a ir a Portugal, del 11 al 14 de Marzo de 2004.

Puede que sorprenda que lo recuerde tan bien, pero yo fui quien llamó a J a las 9 de la mañana del fatídico 11-M para contarle en absoluto estado de shock lo que había sucedido. Y recuerdo que volvía el 14 porque ése era el motivo de que ÉL no fuese a ir a votar (cosa que a mí me pareció fatal, dada mi pasión por la política...).

Era consciente de que íbamos a pasar unos cuantos días sin hablar (algo inaudito entre nosotros) y entonces fui consciente de que nuestra historia probablemente acabara ahí. Era lógico pensar que después de estar varios días sin tener contacto conmigo y estando con su novia, el buen juicio le hiciese decidir darle una oportunidad a lo suyo, en vez de seguir fantaseando con una persona que vivía a 700 Kms de distancia y a la que nunca había visto.

Con esto en mente, y pensando que no tendría más oportunidades, decidí enviarle un regalo. El paquete contenía una carta muy amorosa, una bolsa de las famosas rosquilletas valencianas, un collar de Andrea Blu, 3 postales de Castellón y el libro de El Alquimista, de Paulo Coelho. Yo había leído recientemente el libro y habíamos hablado de él, y de cómo J me recordaba a Santiago, el chico andaluz que abandona su tierra en busca de un sueño. Lo envié sabiendo que lo recibiría a su vuelta y que tal vez fuera una despedida entre nosotros.

El día del 11-M, el día que se iba, le llamé temprano para contarle lo del atentado porque sabía que aún no se había ido y me sorprendió ver que ÉL estaba como siempre conmigo, no le veía anímicamente distinto con respecto a mí. Sin embargo ahora estoy convencida de que sí que pretendió dar una opotunidad a su relación con ella en ese viaje.

Los días pasaron más rápidos de lo previsto, entre noticias, manifestaciones y comicios y lo cierto es que ÉL no me envió ningún mensaje ni yo a ÉL tampoco. Sin embargo, para mi sorpresa (y para alegría de mi corazón) me envió un sms en cuanto cruzó la frontera: "Acabo de entrar en España, mi amor. No sabes cuánto te he echado de menos".

Y así, retomamos nuestra relación. Lo único que me contó entonces de su viaje fue que no le había gustado, que no dejó de pensar en mí y que se moría de ganas de volver a España.

Y le encantó el paquete, lo recibió como un niño el día de Reyes. Me llamó emocionado, con el paquete aún sin abrir, feliz por el mero hecho de tener algo mío.

J estaba increíblemente cariñoso conmigo, era como si esos días en Portugal le hubieran acercado más a mí en contra de lo que yo creía que podía pasar. Me escribía "Cásate conmigo" mediante el sistema informático de la empresa, me enviaba e-mails cuando se quedaba solo en la oficina, informándome de una captación de clientes en los que aprovechaba para llamarme "mi amor" y, aprovechando que las delegaciones enviaban a la vez los panfletos que los clientes captados habían rellenado, me escribía "Boo" (una forma novedosa en el hablar coloquial de decir "novi@")o "Guapa" en ellos (sabiendo que era yo quien me encargaba de recibirlos)

Y por supuesto, también seguimos hablando a diario. J, en vista de que nuestras facturas de teléfono no bajaban de los 200€, me puso entre sus números favoritos para pagar 0,03€ por minuto y tener 1.000 mensajes gratis al mes. Me convenció para hacer lo mismo.

El día que se lo activaron, me sorprendió con un mensaje a primera hora de la mañana diciéndome: "Eres preciosa, eres increíble y éste es el primero de los 100 mensajes que te voy a enviar hoy".

Y así siguió enviando mensajes durante todo el día. Pero no eran mensajes sin sentido, no, en todos me decía algo coherente e importante para nosotros y todos eran preciosos. ÉL los iba numerando al principio de cada uno, aunque a veces yo advertía que repetía algún número.

Ya tarde por la noche, me llegó el mensaje número 99: "Eres lo más increíble que me ha pasado en la vida... y éste no es el último mensaje". Me quedé dormida aún sin quererlo y cuando me desperté a las 7 de la mañana, empecé a buscar el móvil como una loca por entre mis sábanas. Cuando por fin lo encontré, miré la pantalla ansiosa. No había más mensajes. ¡J se había quedado dormido en el mensaje 99! Me hizo reírme con ganas, pero no le desperté. Pasadas unas horas, cuando ÉL también se dio cuenta de que se había quedado dormido, me envió un mensaje que sólo decía: "Noooo!!!". Todavía hoy nos reímos de aquello, aunque en realidad los dos sabemos que me envió más de 100 mensajes aquel día.

Así llegamos al 20 de marzo, el día que empezaba Magdalena, las fiestas de mi ciudad. Ese año fue un año peculiar. La Magdalena empieza siempre el tercer sábado de cuaresma, por lo que la fecha baila en el calendario en función de cuando sea Pascua. El PP, gobernante en aquel momento, al elegir la fecha de las elecciones generales de 2004, consultó a los presidentes autonómicos. Al preguntar a nuestro presidente autonómico si la fecha del 14 de Marzo le parecía propicia para celebrar las elecciones, éste respondió que no había ningún problema, ya que no coincidiría con el día grande de Fallas (el 19 de Marzo). Obvió totalmente que el día 14 era el día grande de las fiestas de la Magdalena para los castellonenses, el día de la romería, por lo que por primera vez en nosecuantos años de historia de las fiestas, nos las retrasaron una semana (en señal de protesta, muchos de nosotros habíamos ido el mismo día 14 de Marzo (el día original en el que debía ser la romería) a la ermita, llevando crespones negros en las cañas por las víctimas del atentado).

Yo soy una gran amante de estas fiestas y apenas paro por casa, lo que significó que mis conversaciones con J quedaron drásticamente reducidas a unos cuantos mensajes (generalmente a la hora de la siesta) y poco más. ÉL me llamó un día, diciéndome que se había comprado un diccionario de catalán y que tenía una duda que estaba discutiendo con su abuelo. Me pareció entrañable, pero no podía hablar con ÉL porque iba camino a una mascletà. Quedamos en hablar un día entre semana por la noche, ya que yo sabía que llegaría relativamente pronto a casa. Al llegar, me puse el pijama, me metí en la cama y entonces llegó mi hermano y se puso a hablar conmigo. No recuerdo en qué momento me quedé dormida, pero sé que eso me convirtió en la primera de los dos que se había dormido y faltado a una "cita".

ÉL estaba angustiado, lo notaba en sus mensajes. Sentía que yo me alejaba de ÉL. Y era cierto. Esos días que pasé "desconectada" de ÉL me hicieron reflexionar acerca del sentido que podía tener esa relación. Fueron 9 días los que J pasó sin saber apenas de mí y cuando volvimos a hablar el lunes 29, yo estaba decidida a romper con ÉL. Puede que fuera miedo, puede que fuera sensatez, pero eso tenía en mente cuando le llamé.

Pero ÉL contestó al teléfono diciéndome: "Dios, lo siento mucho, pero no sabes lo largos que se me han hecho estos días. No veía el momento de que acabaran las fiestas". Me dejó callada su determinación, la pasión que puso al decirlo, me derretí y todos los sentimientos que había de algún modo apartado durante las fiestas, volvieron a mí como una riada.

Qué poco sabía yo que en 10 días iba a verle por primera vez.

Mi infancia

Mi infancia son recuerdos... de Serrat...

Mi padre tenía una cinta de cassette desde que yo tengo uso de razón (ahora la ha tenido que jubilar porque su coche nuevo no tiene radiocassette, sino cd...) de una actuación de Serrat. No sé cómo puede ser que no se rompiera ni se enrollara (como me pasó a mí mil veces con otras cintas) pero para mí Serrat son mis padres, mi niñez, las canciones a cuatro voces en los viajes en coche y, probablemente, el único artista por el que lloraré cuando un día para mi mal venga a buscarle la parka...

J nació y se crió en el Sur, más alejado de la influencia que los cantautores tuvieron en la generación de nuestros padres sobre todo por la zona más cercana a Cataluña. Yo intenté inculcarle (con poco éxito) mi amor por las letras de Serrat, pura poesía, y debatimos largas horas esa influencia.

Quizás porque mi niñez
sigue jugando en tu playa,
y escondido tras las cañas
duerme mi primer amor,
llevo tu luz y tu olor
por donde quiera que vaya...

Es mi vida... no podría vivir lejos del mar...

La divergencia

Aquí no coincidimos. A él le encanta, le ha visto en concierto y todo y a mí se me atragantó con el "American Woman" y no puedo con él... pero bueno, reconozco que es un buen artista...

Esta canción en concreto era especial para ÉL, un sueño por cumplir que me contó en una de esas noches...


Su frustración

- ¿Cuál es el mejor concierto al que has ido? - me preguntó.
- Michael Jackson, Dangerous Tour del '92!- le dije sin pensármelo
- No me lo puedo creer!! ¿¿¿Has estado en un concierto de Michael Jackson???

Resulta que le encanta y su madre no le dejó ir cuando estuvo de gira por España. Aún ahora a veces le hago rabiar contándole cosas del concierto y ÉL siempre me manda callar!

Ha sido difícil elegir qué canción poner... así que pongo "el clásico" y su favorita:


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Larga vida al Rey...

Su tono de llamada.

Cuando me lo contó me moría de la risa... pero más adelante escuchar ese tono hizo que se me encogiera el estómago y mi corazón latiera a dos mil por hora...

"The final countdown" de Europe.


Aquí tenéis la historia de lo que fue de ellos (para "Anónimo" especialmente ;)! )

Bachata rosa

Un día estaba en el supermercado. Tenía pegada esta canción y decidí enviarle a J un mensaje que decía:

"Te regalo una rosa
la encontré en el camino.
No sé si está desnuda
o tiene un solo vestido"

Él me contestó al rato con la estrofa siguiente... Bueno, con una mezcla de estrofas más bien... Lo que yo no sabía es que se volvió loco intentando acordarse de la letra y, de paso, volvió loca a toda la gente de la oficina para que le ayudara...

Es una versión en directo:

My All

La canción que le canté a J por teléfono...

The Beatles

Si os preguntara cuál es vuestra canción favorita de los Beatles, ¿cuál sería?

La mayoría de la gente responde "Yesterday", "Let it be", "Sargent Pepper's Lonely Heart Club Band", etc.

Extrañamente, J y yo coincidimos sorprendentemente en una, cuanto menos, atípica: "And I love her". Fue un momento de esos que dices: "venga ya! no puede ser!" pero sí, así era...

Nuestra canción favorita

Los dos estábamos de acuerdo en que tanto "Purple rain" como "Loosing my religion" rivalizaban fuertemente con esta canción, probablemente la mejor canción de la historia de la música.

No podía ser otra que "Bohemian Rhapsody" de Queen.




Y la versión que me pone los pelos de punta, Freddie Mercury al piano en el Live at Wembley...

Mi canción favorita

Ésta era mi canción favorita cuando empecé a hablar con J. Ahora ya no la elegiría porque otras canciones, tan importantes en la que ha sido la historia de amor de mi vida, han ocupado este primer puesto...

Introducción

La música ha sido siempre un punto de unión muy importante entre J y yo. Ha sido centro de miles de horas de conversación, nos ha acompañado como banda sonora en muchísimas ocasiones e incluso, en algunos momentos, determinadas canciones han sido casi como una expresión de nuestros propios sentimientos, bueno y malos.

Tanto es así que he decidido inaugurar esta sección, donde iré añadiendo las canciones que hayan sido relevantes en las distintas etapas de "Lo nuestro".

Todas y cada una de estas canciones me transportan a un lugar o un momento concreto de mi historia con J.

Espero que las disfrutéis tanto como yo.

La canción favorita de J

Muy al principio de hablar por teléfono, J me preguntó que cuál era mi canción favorita de todos los tiempos. En ese momento, mi canción favorita era "Loosing my religion" de REM. La suya, según me contó era ésta, "Purple rain" de Prince.

Me ha costado bastante encontrarla ya que al parecer Prince o The Artist o The artist formerly known as Prince o como se llame ahora ha debido ganar algún pleito contra Youtube y allí no está ni una vez con el sonido original.

Aquí os la dejo.


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Y como la calidad es regularcilla, aquí tenéis una versión en directo en la Superbowl creo que de este año. El solo de guitarra está genial.


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Mi alma gemela

Los días pasaban como en una nube y las noches eran un delicioso cóctel multicolor de risas, complicidad, confidencias, deseo, fantasía, sensualidad, amor...

Jamás discutimos. Ni una sola vez. Llevábamos casi tres meses hablando cada noche durante horas y no habíamos encontrado ni un solo desacuerdo entre nosotros. Pero no porque nos diéramos mutuamente la razón, por supuesto teníamos puntos de vista distintos sobre algunos temas, pero nunca fueron contrarios, sino complementarios. ÉL me adoraba, lo sé, y no hay palabras para expresar lo que yo sentía por ÉL. Era mágico. Algo sólo explicable por haber encontrado a tu alma gemela. Era como abrazar el amor. Me sentía tan completa...

Había pasado Carnaval y yo había enviado una foto a la delegación de Málaga (en realidad era una excusa para enviársela a ÉL), en la que sólo se veía mi cara junto a la de una amiga, disfrazadas y sonrientes. ÉL, en cuanto todos se iban de la oficina, abría esa foto y la miraba incansablemente durante horas, a menudo mientras hablábamos.

Las únicas noches que apenas podíamos llamarnos eran las noches que ÉL pasaba con su novia. Como sólo libraba un día a la semana, se iban juntos a una casa que ella tenía en un pueblo en el que apenas había cobertura. ÉL me llamaba de camino allí y hablábamos durante los 45 minutos que le costaba llegar. Aún así, al parecer, ÉL encontró un par de puntos (creo recordar que en la terraza de la casa y encima de un mueble del comedor) donde tenía una rayita de cobertura y dejaba el móvil permanentemente allí para contestar compulsivamente a los pocos mensajes que yo le enviaba cuando sabía que estaba con ella.

Por extraño que parezca, como yo le había conocido en esa situación, a mí no me molestaban esas noches, le echaba terriblemente de menos, pero jamás sentí celos ni nada parecido. De algún modo yo sentía que lo nuestro estaba por encima de aquello, que era algo ajeno, algo solamente nuestro, suyo y mío y de nadie más, y era tan especial que no parecía siquiera terrenal.

Yo le quería. Estaba totalmente entregada a un sentimiento que me superaba, que me hacía claudicar de querer resguardarme, de intentar protegerme. ÉL era más de lo que yo nunca soñé encontrar. No sólo es que fuese inteligente, despierto, ocurrente, simpático, gracioso, dulce y tierno. Es que había algo en ÉL, algo no expresable, como un halo de ternura y paz, que me hacía querer fundirme en ÉL, no separarme nunca de su lado. Y podía notar que ÉL sentía lo mismo. ¿Hay algo más mágico que eso?.

Pero claro, cuanto más me fundía con J en este amor tan extraordinario, más empequeñecido quedaba el cariño que yo sentía por el que aún era mi novio. Un cariño que, aunque profundo, no podía compararse a lo que estaba sintiendo por otra persona.

Mis pensamientos eran todos para J y yo no podía seguir yendo a esconderme para enviarle un mensaje como aquella noche en la que, estando con mi novio en una sala de baile, sonó una versión en bachata de "My All" de Mariah Carey. Hacía unas semanas yo se la había cantado a J por teléfono y ÉL me confesaría más tarde que, mientras me escuchaba en silencio, estuvo convencido de estar enamorado de mí.

Al escuchar la versión de la canción, me fui al cuarto de baño sólo para enviarle un mensaje a J y decirle que estaba sonando esa canción, que me acordaba de él y que no veía el momento de que volviéramos a hablar.

En ese momento, escondida de mi novio en el cuarto de baño, supe que no podía demorarlo más así que un día de principios de marzo le dejé. Fue una ruptura traumática aunque yo hoy por hoy sé que este otro chico tampoco estaba realmente enamorado de mí.

Y ahí estaba yo, compuesta y sin novio y, sin embargo, dichosa, completa y arrebatadoramente ilusionada... de un chico al que jamás había visto.

Cuando le conté que había dejado a (ahora ya) mi ex, ÉL se preocupó por haber sido el causante de la ruptura, por haberle hecho daño a una tercera persona que ninguna culpa tenía de lo que había pasado entre nosotros.

Yo le expliqué que la única responsable era yo, ya que no le había dejado por ÉL sino porque había comprendido que no tenía sentido seguir manteniendo una relación cuando sabes que otros sentimientos, otras sensaciones y otra vida existen ahí fuera. Es posible que alguien nunca haya sentido el amor verdadero y, por este motivo, crea que no existe nada mayor a lo que siente en ese momento. Yo había perdido esa "inocencia", sabía que mi corazón podía latir más y más fuerte de lo que latía por mi ex y en consecuencia ya no podría nunca seguir con él.

Ahora ansiaba ese amor, esa plenitud. De hecho, todavía la ansío. Me he convertido en una inconformista. He sentido el amor verdadero, ya no quiero menos que eso...

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