Nuestra canción.

Estaba en aquel CD que J me hizo. Nunca había escuchado a Arjona (ahora le adoro). Mientras nos desgañitábamos cantando esta canción, nunca pensé que se convertiría en MI realidad más adelante. A todos y cada uno de sus versos les encuentro relación con mi vida, con mi relación con J. Qué poco lo pensé entonces...

He aquí la letra de la tremenda canción que da nombre a este blog:

El problema no fue hallarte,
El problema es olvidarte.
El problema no es tu ausencia,
El problema es que te espero.
El problema no es problema,
El problema es que me duele.
El problema no es que mientas,
El problema es que te creo.

El problema no es que juegues,
El problema es que es conmigo.
Si me gustaste por ser libre,
Quién soy yo para cambiarte.
Si me quedé queriendo solo,
Cómo hacer para obligarte.
El problema no es quererte
Es que tú no sientas lo mismo.

Y ¿cómo deshacerme de ti, si no te tengo?
¿Cómo alejarme de tí, si estás tan lejos?
Como encontrarle una pestaña a lo que nunca tuvo ojos,
Como encontrarle plataformas a lo que siempre fue un barranco,
Como encontrar en la alacena los besos que no me diste.
Y ¿cómo deshacerme de ti, si no te tengo?
¿Cómo alejarme de ti, si estás tan lejos?
Y es que el problema no es cambiarte...
El problema es que no quiero.

El problema no es que duela,
El problema es que me gusta.
El problema no es el daño,
El problema son las huellas.
El problema no es lo que haces,
El problema es que lo olvido.
El problema no es que digas,
El problema es lo que callas. (-> su verso favorito)

Y ¿cómo deshacerme de tí, si no te tengo?
¿Cómo alejarme de tí, si estás tan lejos?
Como encontrarle una pestaña a lo que nunca tuvo ojos,
Como encontrarle plataformas a lo que siempre fue un barranco,
Como encontrar en la alacena los besos que no me diste.

Y ¿cómo deshacerme de tí, si no te tengo?
¿Cómo alejarme de ti, si estás tan lejos?
Como encontrarle una pestaña a lo que nunca tuvo ojos,
Como encontrarle plataformas a lo que siempre fue un barranco,
Como encontrar en la alacena los besos que no me diste.

Y ¿cómo deshacerme de ti, si no te tengo?
Cómo alejarme de tí, si estás tan lejos?

El problema no fue hallarte, (-> empieza el crescendo que nos pone la piel de gallina)
El problema es olvidarte.
El problema no es que mientas,
El problema es que te creo.
El problema no es cambiarte,
El problema es que no quiero.
El problema no es quererte,
Es que tu no sientas lo mismo.
El problema no es que juegues!
El problema es que es conmigo.


Ricardo Arjona - El Problema (Official Music Video) - The best bloopers are a click away

Mijas.

Aquel sábado iba a ser un día especial. Especial sobre todo porque sería el último que J trabajaría de tarde, al día siguiente trabajaría de mañana y el lunes 12 de abril, el día de mi partida, tenía todo el día libre. Así que teníamos un plan: cenar pronto e irnos a dormir relativamente temprano para que al día siguiente ÉL no estuviese demasiado cansado y poder aprovechar así el día y medio seguido que nos quedaría para estar juntos.

Como cada mañana, me levanté antes que ÉL e hice mi rutinario chequeo en el cuarto de baño para asegurarme de estar presentable. Cuando J se despertó empezamos a hacernos arrumacos e irremediablemente, acabamos haciendo el amor. El sexo mejoraba con cada vez y yo disfrutaba más y más de la sensación de no guardarme nada, de entregarme y gozar con ÉL sin tabúes ni pudores.

Tras el sexo, mientras permanecíamos en la cama, le abrí mi corazón y le conté algo sobre mí que no suelo contar a nadie y que, sin embargo, salió con total confianza y naturalidad. ÉL escuchaba mi relato en silencio, acariciando mi espalda y mi brazo, sin soltarme ni un momento. Tiempo después me contaría que ahí, en esa cama, en ese momento de absoluta franqueza, confianza y vulnerabilidad, se enamoró definitivamente de mí...

Cuando acabé le miré de frente con los ojos expectantes. ÉL me abrazó y me hizo el amor con ternura, con infinito cariño. No hacía falta que me lo dijera, se sentía agradecido de que hubiera compartido algo tan difícil y duro para mí con ÉL.

Otra vez se nos había echado el tiempo encima. Esa mañana ÉL quería llevarme a comer a Mijas. Mientras corríamos para ducharnos, vestirnos y estar listos, me puse a cantar y me dio un arrebato y me puse a bailar vestida encima de la cama (a veces tengo esas cosas...). ÉL me miró pasmado y de repente se echó a reír a carcajadas ante mi payasada y se abrazó a mi cintura sin dejar de reírse.

Nos subimos en el coche y nos fuimos hacia Mijas. ÉL tenía puesto el que sería MI cd y cantábamos una y otra vez "El problema" de Ricardo Arjona mientras debatíamos su nacionalidad (es guatemalteco).

Por fin llegamos al pueblo. Era precioso. Me llevó a ver los burro taxis y dimos un paseo. Luego comimos en un restaurante de allí y me encantó ver la familiaridad con la que se tratan los andaluces. Los dos pedimos solomillo a la pimienta, que resultó ser su plato favorito y uno de los míos. El dueño del restaurante era muy amable. Hablando con él se nos hizo tarde de nuevo y tuvimos que salir pitando para que J no llegara tarde a trabajar.

Otra tarde solitaria de paseo, pero feliz porque mi relación con J iba viento en popa. Me sentía dichosa, contenta. Repasaba en mi mente conversaciones, expresiones suyas, bromas, caricias, momentos, y la sonrisa no se borraba de mi cara.

Volví al hotel y hablé por teléfono con un par de amigas para contarles lo que era evidente por el tono de mi voz: que estaba feliz. Les di todo lujo de detalles sobre ÉL, sobre nuestra relación, nuestras actividades... Con todo esto se pasó la tarde y empecé a arreglarme. J me había enviado un sms diciéndome que saldría pronto, antes de las 23:00h.

Vino a recogerme relativamente temprano (¡aún no me acostumbraba a pasar tanta hambre!) y nos fuimos a una taberna típica a cenar. Yo pedí un bocadillo, un "chicle", lo llaman y me pareció delicioso (aunque claro, estaba hambrienta...). Ahí constaté algo que había estado observando: J es incapaz de decidirse, le apetece todo y, sobre todo, duda por si lo que me hubiera pedido yo fuese a estar mejor que lo suyo! Me hacía infinita gracia. Nos cogíamos de la mano mientras comíamos y siempre estábamos sonriéndonos el uno al otro. No había ni rastro de aquella tensión de los primeros momentos...

Como aún era temprano y J quería aprovechar el tiempo, cuando terminamos de comer nos fuimos a un pub cercano. Era la primera vez que nos encontrábamos en ese ambiente, ya que el resto de días había salido tan tarde de trabajar que sólo con cenar ya nos daban las dos de la madrugada.

El pub estaba bien, había buen ambiente y la música era buena. Nos sentamos en la barra y hablamos durante mucho rato. Lo pasábamos bien. Me contó anécdotas y trucos que utilizaban ÉL y sus amigos para ligar. Me reía a carcajadas.

Después de la copa nos fuimos andando al hotel. De camino me iba contando historias de casi cada rincón que veíamos, cosas de su infancia, de su vida. Me encantaba conocer la ciudad a través de sus ojos. Íbamos cogidos de la mano y yo me iba subiendo a cada escalón o banco para compensar nuestra diferencia de altura y besarle largo y tendido. Estábamos increíblemente a gusto...

Al llegar al hotel decidimos poner (por fin) Torremolinos 73, la película que habíamos alquilado la primera noche en Málaga. Nos pusimos el pijama, nos tumbamos en la cama y, si no recuerdo mal, creo que vimos los 5 primeros minutos, antes de que nuestros besos nos llevaran irremediablemente a algo más... Al terminar, la película había acabado y nos quedamos dormidos exhaustos con la televisión encendida.

El despertar de las emociones

Me desperté relativamente pronto a la mañana siguiente, nuestra segunda mañana juntos. Había dormido muy a gusto, teniendo en cuenta que se podía decir que lo hacía con un desconocido. Por el rabillo del ojo comprobé que J aún dormía, de modo que me levanté sigilosamente y me metí en el baño con la intención de comprobar que mi aspecto no era tan malo como para que se girase, me mirase y le diese un ataque al corazón. Me mojé un poco los rizos deshechos, me hice una coleta, me lavé la cara para tener buen aspecto y los dientes para un aliento bien fresco.

Al volver a tumbarme en la cama, ÉL se despertó y con voz ronca y soñolienta me dijo: "Buenos días, cielo" y se giró y me dio un beso pequeñito en la boca. Empezamos a charlar los dos tumbados en la cama, se estaba tan a gusto... Parecía que poco a poco nos íbamos acostumbrando cada uno a la presencia del otro y la confianza iba haciéndose sitio entre nosotros. Yo puedo ser bastante payasilla y algo debí decir que le hizo reírse a carcajadas. Recuerdo que se giró, me miró y me besó. Los besos cortos y cariñosos condujeron irremediablemente a los más largos y apasionados y éstos a las caricias. Hicimos el amor por segunda vez y fue mejor aún que la primera...



Al poco de terminar, mientras yo estaba apoyada en su hombro, J, que estaba mirando al techo pensativo, me sorprendió diciendo: "Me ha gustado mucho... Me gustaría repetir..." Me hizo tanta gracia que aún me saltan las lágrimas de la risa al pensar en su reflexivo tono de voz mientras pronunciaba esas palabras.



Una vez saciada la sed, llegó el momento de despertar para el resto del mundo. Mientras ÉL se duchaba, encendí mi móvil para comprobar que tenía varias llamadas perdidas de mi ex y algún mensaje de mal talante. Me sentía mal porque empatizaba con su impotencia al ver que yo iba rehaciendo mi vida al margen suyo. Por supuesto, no sabía que yo estaba con otro chico en ese momento, pero sí se daba cuenta de que me había ido de viaje y no estaba muy por la labor de atenderle.



J acababa de salir de la ducha justo en el momento en el que mi móvil sonaba de nuevo. Era mi ex otra vez. Decidí que ya era suficiente y salí a la terraza a decirle que tenía que dejar de reprocharme cosas. Intenté sonar conciliadora pero firme. Mantuve mi cohartada de que estaba con una amiga y sus primos y que nos habíamos encontrado allí con un compañero mío de trabajo. Insistió en hablar con ÉL (para asegurarse de que me trataba bien, me dijo) y me negué. Le dije que no podía seguir así, que no podía intentar controlarme aún en la distancia y cuando nuestra relación además era ya inexistente. Finalmente colgó.



Abrí la puerta corredera de la terraza para entrar en la habitación y de repente me quedé atónita mirándole. J estaba medio recostado en la cama, con la espalda apoyada en el cabecero, sosteniendo con una mano el mando a distancia de la televisión. Llevaba unos vaqueros azules y un polo beige de manga corta y estaba descalzo. Recuerdo aquel momento como si fuera ayer. Yo, congelada en el vano de la puerta y ÉL, con su pelo corto negro como el azabache, su piel morena, tan alto, tan apuesto... Fue la primera vez que racionalicé lo increíblemente atractivo que es. Un momento inolvidable para mí...



Entre "unas cosas" y "otras" se nos había hecho tardísimo, así que comimos en un restaurante chino (que sería escenario de muchas otras comidas y cenas) cercano al hotel y, con la prisa siempre pegada a los talones, J se marchó de nuevo a trabajar. Ese día, que no amenazaba lluvia, me hizo un plano a bolígrafo que aún conservo de sitios que visitar y así se me pasó la tarde, paseando por las callecitas, viendo puestecitos y subiendo y bajando las empinadas cuestas del pueblo.

De vuelta en el hotel volví a enfundarme en su pijama, dejándome llevar por su perfume. J me había dicho que por suerte no tenía mucho trabajo nocturno, por lo que afortunadamente vendría pronto a por mí, de modo que estuve viendo sólo un rato la tele antes de arreglarme para cuando viniera. Llegó relativamente temprano, apenas pasada la medianoche y me dijo que aún le quedaba algo de trabajo, pero que había venido a cenar conmigo y luego ¡sorpresa! me iba a colar en la oficina antes de terminar lo que tenía que hacer.

Fuimos de nuevo a un sitio donde pudiésemos cenar tan tarde y que además fuese rápido y comimos unas mini-pizzas. Era increíble cómo había cambiado el ambiente entre nosotros, estábamos cómodos, a gusto... Nos sosteníamos la mirada y ésta sonreía, con complicidad y con ternura. Cuánto nos reímos aquella noche cenando...

Luego subimos en el coche y nos fuimos hacia su oficina. Aparcó el coche y me dejó dentro para ir a comprobar qué guardia jurado estaba de vigilante, para saber si podría colarme o no. Salió del coche, se lo pensó mejor, volvió a entrar y me dio un apasionado beso en la boca. Me supo a gloria...

Al cabo de muy poco rato reapareció y me dijo que no habría problema. Le había contado al de seguridad que yo era una amiga de la familia y que me llamaba Mari Carmen (no fuera que si decía mi nombre real y luego el de seguridad comentaba algo con algún otro compañero, se hubiesen enterado). Llegamos a la estafeta de seguridad y yo, que creía que tal vez J estaría tenso, me sentía a la vez un tanto inquieta por los posibles problemas que podría causarle... Pero no, J estaba en su salsa. Me presentó como Mari Carmen y hasta me preguntó delante del de seguridad por supuestos miembros de la familia. Yo, aguantándome la risa, tenía que contestarle que sí, que mi tía Pilar estaba bien, y que le agradecía el detalle de acordarse. El guardia jurado no parecía sospechar nada y quiso mantener una (eterna) conversación acerca de libros. Y es que me imagino que trabajar de noche como vigilante debe hacerse muy duro.

Al final pasamos a la oficina propiamente dicha, y nada más cerrar la puerta J me besó con pasión. Era morboso y excitante a partes iguales estar ahí, en esa oficina de mi misma empresa, a escondidas, en el más absoluto secreto, sin que nadie más que nos conociera a ambos lo supiera.

Nos besamos un buen rato y luego ÉL decidió que sería mejor que nos relajásemos, no en vano Juan (el de seguridad) podía aparecer en cualquier momento buscando más conversación. Terminó de arreglar los papeles y lo que debía dejar listo para el turno siguiente mientras yo contemplaba con cariño la oficina que tantas veces había intentado visualizar en mis conversaciones nocturnas con J. Le veía sentado en su silla, esa silla que había sido testigo mudo de tantas y tantas horas de conversación y tenía cierta sensación de irrealidad, como si fuera increíble que yo me encontrase ahí.

No tardó mucho en terminar y por fin nos fuimos. Tanto beso y tantas emociones que hasta ahora habían estado un tanto reprimidas, me estaban pidiendo ya a gritos un verdadero momento de intimidad con ÉL. Llegamos al hotel y en el mismo ascensor, mientras subíamos, prácticamente ya nos íbamos quitando frenéticamente la ropa, al ritmo de nuestros besos acalorados rabiosamente impacientes por llegar a la habitación...

Todo había sido increíble y después, exhausta, me quedé dormida abrazada a J mientras ÉL mesaba mis cabellos...

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