Largo camino al sur

A las 7 sonó el despertador. Teníamos por delante un largo camino hasta Málaga en su coche y debíamos llegar allí antes de las 16h porque ÉL tenía que entrar a trabajar justo a esa hora.

Me apresuré a levantarme, ducharme y cambiarme en el cuarto de baño. Cuando salí, ya vestida, ÉL estaba sentado en la cama. Me animó a bajar a desayunar y me dijo que ÉL bajaría en seguida.

Le hice caso y me dirigí al buffet. Todavía no podía juzgar si me estaba gustando la experiencia (al menos desde que encendió la luz) pero lo cierto es que no me planteé en ningún momento abandonar y no ir a Málaga.

Me acababa de sentar cuando bajó ÉL. Le recibí con una sonrisa (que ÉL devolvió) y le recomendé algunas cosas interesantes para comer. Cuando se sentó enfrente de mí estábamos tan cortados que no sabíamos qué decir. ¿Qué se dice en estas situaciones cuando ha pasado tooodo lo que había pasado entre nosotros?. Recuerdo algún comentario tonto acerca del yogur, un par de risas forzadas y, por fin, J relajó un poco el ambiente diciéndome que entre los dos rellenáramos el cuestionario de satisfacción del hotel. Advertí aliviada que la tensión iba disminuyendo. ¿Era guapo? Aún no lo había decidido, aunque sí es cierto que le veía mayor, mucho mayor que yo y eso también me intimidaba bastante.

Subimos a por las maletas y, al llegar al ascensor entré y puse mi maleta dentro. Me estaba acomodando y haciéndole sitio cuando, de repente y sin explicación alguna, ÉL decidió bajar por las escaleras. "¡Qué raro!" pensé.

Hicimos el check-out en el hotel y bajamos a por el coche. Habíamos acordado que conduciría yo ya que suelo marearme bastante pero ÉL quiso sacar el coche del garaje ya que la entrada/salida se las traía.

Acababa de enfilar la salida cuando en la primera curva oímos un chirrido: J había rascado un lateral del coche contra la pared. Entró en el coche malhumorado. Parecía que la situación no iba mejorando...

Paramos en una gasolinera y cambiamos de puestos. Después de ajustarme al asiento y los espejos, empezamos la marcha.

J había grabado un CD y yo conocía muchas de las canciones, aunque había algunas que ÉL pasaba. No sabía en ese momento que ese CD lo había grabado para mí, con canciones que le recordaban de algún modo a mí y las canciones que pasaba eran aquellas que resultaban demasiado evidentes, como "My All". Supongo que porque estaba tan cortado como yo. El CD se titulaba "Antología de la Zarzuela, for the heart", en honor a aquella broma que me había hecho la primera noche que nos enviamos mensajes.

La situación entre nosotros seguía siendo muy tensa y fría, a pesar de que antes de salir del coche en la gasolinera, J se había acercado a mí y me había besado en la boca. Era como si no supiéramos qué decir ninguno de los dos para que la situación fuera un poco más "normal". Llevábamos un rato ya de camino entre esa cordialidad fría cuando se me ocurrió que sacara algunas de las rosquilletas que yo había comprado el día anterior. Como yo iba conduciendo, me comía las rosquilletas sin ayuda de las manos. Me ponía una en la boca y simplemente iba royéndola sin sacarla de la boca. ÉL me miraba entre alucinado y divertido y le expliqué fanfarronamente (como si fuera una proeza) que las rosquilletas son la merienda por excelencia en mi tierra y que aquélla era una habilidad adquirida desde hacía años, "baby" añadí guiñándole un ojo.

Le hizo reír a carcajadas y su risa me relajó a mí. No recuerdo qué canción sonaba en ese preciso momento, pero le pregunté si sabía contar la música. Me miró extrañado, "¿¿¿contar la música???". Había captado toda su atención. Le enseñé a identificar las frases y las estrofas musicales. Para alguien que ama tanto la música como J, fue algo increíble aprender algo tan esencial para que exista. De este modo, contando hasta ocho, fueron pasando las horas.

Nos sentíamos a gusto. Yo desde luego lo estaba y ÉL daba muestras de estarlo también acariciando mi mano cuando la tenía sobre el cambio de marchas o poniéndola sobre su pierna. Parecía que el mecanismo empezaba a funcionar...

Faltaban apenas un par de horas para llegar a Málaga y paramos en una gasolinera a reponer. Saqué mi mochila y miré mi móvil. 5 llamadas perdidas de mi madre y de mi ex. Me había metido en un lío, estaba claro.

Lamé a casa y hablé con mi madre, a la que le había mentido diciéndole que pasaría la noche en Oropesa con una amiga y luego las dos nos iríamos con sus primos a Málaga. Al parecer había habido un accidente grave en la autopista a la altura de Oropesa y mi madre estaba preocupada, tanto que, al no dar conmigo, había llamado a todos de cuantos tenía el móvil (incluyendo a mi ex) para ver si alguno tenía el teléfono de mi amiga. Por suerte para mí nadie lo tenía, pero mi ex, puestos a llamar, había llamado a mi trabajo y hasta a una de nuestras oficinas en Alicante. De esto me enteré después de tranquilizar a mi madre y prometerle que tendría el móvil más a mano (cosas de madres, supongo). Llamé a mi ex para decirle que todo estaba en orden y me echó un rapapolvo de los que hacen época. Yo estaba muy incómoda, con J esperando en el coche y mi ex, resentido, echándome por cara que me hubiera ido de viaje y cosas así. A la tensión del momento se le sumó la del empleado de la gasolinera, gritándome que estaba prohibido hablar por el móvil allí. Acabé muy nerviosa, tanto que J me pidió conducir ÉL el resto del camino.

Entre la tensión con mi madre, con mi ex, el cansancio y mi detestable facilidad para marearme, no pude estar de copiloto mucho rato. Tuvimos que parar para que me diera un poco el aire. J se había quedado un tanto sombrío, supongo que expectante. Me había preguntado si estaba bien y si quería hablar de ello, pero yo estaba callada y nerviosa, así que supongo que se le contagió. Además yo sabía que empezábamos a ir mal de tiempo y no podíamos permitírnoslo, porque ÉL tenía que entrar a trabajar en un par de horas!

Me repuse lo mejor que pude y volví a conducir. Cuando llevaba un ratito, J me dijo un poco cortado: "Mejor pon quinta...". ¡No estaba acostumbrada al ruido de su motor diesel y al parecer había llevado el coche en cuarta todo el viaje! ¡¡Y no me dijo nada por si me sabía mal!! En ese momento me sentí avergonzada, pero ahora me hace mucha gracia ese tacto que tuvo, es algo casi de caballeros de otra época.

Finalmente llegamos a nuestro destino y J volvió a conducir. Dejó el coche encima de la acera de enfrente del hotel en el que nos había reservado la habitación. Un hombre del bar de enfrente nos echó la bronca pero J se deshizo de él con mucho arte andaluz. Sacamos las maletas, nos registró en el hotel una chica extranjera, alta y rubia que claramente sonreía a J (algo a lo que tendría que llegar a acostumbrarme) y J se fue a su casa a cambiarse y a "traerme algo".

Al poco rato llegó vestido con uniforme del trabajo y una bolsa enorme con un reproductor de DVDs y varias terrinas llenas de películas grabadas. Me emocionó que tuviera ese detalle conmigo. ÉL sabía que iba a trabajar hasta tarde (estaba de cierre) y le sabía mal que me sintiera sola. Instaló el reproductor, sacó algunas cosas de su maleta y, despidiéndose con un beso rápido, se fue a trabajar.

Me quedé allí sola, en la habitación, sin saber muy bien qué hacer. Iban a pasar muchas horas hasta que volviera a tener compañía, así que decidí ir a dar un paseo por el pueblo, confiando en no perderme. Decidí comer una ensalada en el McDonald's ya que no habíamos comido nada desde las rosquilletas y aproveché para llamar a mi amiga de la oficina de Alicante para asegurarle que estaba viva y contarle lo que en realidad estaba haciendo en Málaga. Fue la única que lo supo en aquel momento.

Cuando sólo llevaba un rato paseando empezó a llover y decidí volver al hotel ya que las nubes no presagiaban nada bueno. No me equivocaba. De repente empezó a llover a mares, parecía que tiraban el agua a cubos. Me asomé a la ventana y me empecé a poner triste. Había sido un día muy intenso y ahí estaba yo, en una habitación de hotel, lloviendo a cántaros, sola... Déjandome invadir por la nostalgia estaba cuando sonó el móvil. Era un mensaje de J y decía así: "¿Te sientes sola en un hotel de una ciudad extraña, lloviendo a mares? No te agobies, cielo, es una aventura, disfrutémosla!". Me reconfortó al instante. J solía tener ese don aunque no lo supiera.

Me puse la camiseta de su pijama de Mr. Bean y me dejé arropar por su perfume, rememorando todo lo que me había llevado hasta ese hotel de Málaga, incluyendo la fantástica noche que habíamos pasado, una experiencia única.

Así, entre recuerdos y su aroma me fui quedando dormida. Me desperté sobre las 22.30h. Sabía que ÉL teóricamente salía de trabajar a medianoche (si no tenía entregas nocturnas) y aproveché para ducharme y ponerme muy guapa, tenía muchas ganas de verle de nuevo...

Me fue enviando mensajes para avisarme de a qué hora más o menos saldría. Resultó ser la una de la madrugada. Yo le estaba esperando en la puerta del hotel cuando llegó en su coche. Aparcamos y me propuso alquilar una película. Me llevó literalmente a rastras, estirando de mi brazo calle arriba y calle abajo de su pueblo, hasta que llegamos al expendedor de películas de su videoclub. Aún no me había acostumbrado a que mi amado J tuviera una imagen real, un físico... Era muy asombroso.

La decisión se me hizo eterna. Entre que yo había visto muchísimas, ÉL otras tantas y encima, de las que quedaban ninguna era nada del otro mundo, yo estaba ya agobiadilla de darle vueltas a la maquinita. Además, me estaba muriendo de hambre. En todo el día había comido un par de rosquilletas y una ensalada. Por fin nos "decidimos" y, en honor a la aventura y pensando que sería una comedia, alquilamos "Torremolinos 73".

"¿Tienes hambre?" me preguntó. Yo, mirándole con ojos llorosos y suplicantes, le dije: "síiiii" y, otra vez agarrándome del brazo, me llevó a un sitio muy especial, una especie de hamburguesería callejera. Está en un pasaje del centro y abren hasta tarde. Las hamburguesas están deliciosas. Bueno... al menos la única hamburguesa que me he comido allí...

Cuando llegamos me quedé fascinada de que exisitiera algo así. "Este sitio es muy típico de aquí" me dijo J. Pedimos y nos apoyamos en la pared para comer. Yo estaba extasiada y miraba feliz mi hamburguesa mientras disfrutaba devorándola. Creo que apenas le miré. ÉL, sin embargo, me contó algún tiempo después que ahí fue cuando por primera vez se paró a mirarme y cuando por primera vez pensó "Qué bonita es...". Ciertamente debía de pensarlo, ya que no me imagino una imagen menos glamurosa de mí misma que comiendo una hamburguesa a las dos de la madrugada...

Había sido un día muy intenso y estábamos agotados, sobre todo ÉL, que incluso había trabajado. Nos fuimos paseando al hotel, esta vez cogidos de la mano. Nos desvestimos con cierto pudor y nos pusimos los pijamas de nuevo. Él me recogió contra su pecho, me besó en la frente y, casi inmediatamente, caímos dormidos.

Esa noche no hicimos el amor. ESA noche...

6 comentarios:

r 19 de octubre de 2009, 18:33  

qué alegría que sigas Yo (¿o TU?), me moría de miedo sólod e pensar que me quedaría sin final.

Quiero que sepas que tu historia me está ayudando a quitarme los miedos en este momento tan raro que vivo. Gracias por ello!

IRE

Yo 21 de octubre de 2009, 8:58  

Hola IRE!! Gracias por leerme! Me alegro si mi historia te está ayudando. Si algún día necesitas hablar, ya sabes dónde estoy ;)
Besos!

Aliena 16 de agosto de 2010, 16:11  

Cada vez más interesante...una cosita, dices que fuiste a caminar por el pueblo, pero no estabas en Málaga capital? qué tiquismiquis soy...jejeje

Lorena 5 de septiembre de 2010, 23:09  

Hola Aliena! No, estaba en Torremolinos ^_^
Besos!

Aliena 5 de septiembre de 2010, 23:37  

Ah, gracias por saciar mi curiosidad :P

Lorena 6 de septiembre de 2010, 22:30  

De nada, a mandar!!
Besos!

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