Las crisis de Marzo de 2004

Y, claro, tenía que pasar. J tenía una semana de vacaciones y, por supuesto, ya tenía acordado pasar algunos de esos días de viaje con su novia. Iban a ir a Portugal, del 11 al 14 de Marzo de 2004.

Puede que sorprenda que lo recuerde tan bien, pero yo fui quien llamó a J a las 9 de la mañana del fatídico 11-M para contarle en absoluto estado de shock lo que había sucedido. Y recuerdo que volvía el 14 porque ése era el motivo de que ÉL no fuese a ir a votar (cosa que a mí me pareció fatal, dada mi pasión por la política...).

Era consciente de que íbamos a pasar unos cuantos días sin hablar (algo inaudito entre nosotros) y entonces fui consciente de que nuestra historia probablemente acabara ahí. Era lógico pensar que después de estar varios días sin tener contacto conmigo y estando con su novia, el buen juicio le hiciese decidir darle una oportunidad a lo suyo, en vez de seguir fantaseando con una persona que vivía a 700 Kms de distancia y a la que nunca había visto.

Con esto en mente, y pensando que no tendría más oportunidades, decidí enviarle un regalo. El paquete contenía una carta muy amorosa, una bolsa de las famosas rosquilletas valencianas, un collar de Andrea Blu, 3 postales de Castellón y el libro de El Alquimista, de Paulo Coelho. Yo había leído recientemente el libro y habíamos hablado de él, y de cómo J me recordaba a Santiago, el chico andaluz que abandona su tierra en busca de un sueño. Lo envié sabiendo que lo recibiría a su vuelta y que tal vez fuera una despedida entre nosotros.

El día del 11-M, el día que se iba, le llamé temprano para contarle lo del atentado porque sabía que aún no se había ido y me sorprendió ver que ÉL estaba como siempre conmigo, no le veía anímicamente distinto con respecto a mí. Sin embargo ahora estoy convencida de que sí que pretendió dar una opotunidad a su relación con ella en ese viaje.

Los días pasaron más rápidos de lo previsto, entre noticias, manifestaciones y comicios y lo cierto es que ÉL no me envió ningún mensaje ni yo a ÉL tampoco. Sin embargo, para mi sorpresa (y para alegría de mi corazón) me envió un sms en cuanto cruzó la frontera: "Acabo de entrar en España, mi amor. No sabes cuánto te he echado de menos".

Y así, retomamos nuestra relación. Lo único que me contó entonces de su viaje fue que no le había gustado, que no dejó de pensar en mí y que se moría de ganas de volver a España.

Y le encantó el paquete, lo recibió como un niño el día de Reyes. Me llamó emocionado, con el paquete aún sin abrir, feliz por el mero hecho de tener algo mío.

J estaba increíblemente cariñoso conmigo, era como si esos días en Portugal le hubieran acercado más a mí en contra de lo que yo creía que podía pasar. Me escribía "Cásate conmigo" mediante el sistema informático de la empresa, me enviaba e-mails cuando se quedaba solo en la oficina, informándome de una captación de clientes en los que aprovechaba para llamarme "mi amor" y, aprovechando que las delegaciones enviaban a la vez los panfletos que los clientes captados habían rellenado, me escribía "Boo" (una forma novedosa en el hablar coloquial de decir "novi@")o "Guapa" en ellos (sabiendo que era yo quien me encargaba de recibirlos)

Y por supuesto, también seguimos hablando a diario. J, en vista de que nuestras facturas de teléfono no bajaban de los 200€, me puso entre sus números favoritos para pagar 0,03€ por minuto y tener 1.000 mensajes gratis al mes. Me convenció para hacer lo mismo.

El día que se lo activaron, me sorprendió con un mensaje a primera hora de la mañana diciéndome: "Eres preciosa, eres increíble y éste es el primero de los 100 mensajes que te voy a enviar hoy".

Y así siguió enviando mensajes durante todo el día. Pero no eran mensajes sin sentido, no, en todos me decía algo coherente e importante para nosotros y todos eran preciosos. ÉL los iba numerando al principio de cada uno, aunque a veces yo advertía que repetía algún número.

Ya tarde por la noche, me llegó el mensaje número 99: "Eres lo más increíble que me ha pasado en la vida... y éste no es el último mensaje". Me quedé dormida aún sin quererlo y cuando me desperté a las 7 de la mañana, empecé a buscar el móvil como una loca por entre mis sábanas. Cuando por fin lo encontré, miré la pantalla ansiosa. No había más mensajes. ¡J se había quedado dormido en el mensaje 99! Me hizo reírme con ganas, pero no le desperté. Pasadas unas horas, cuando ÉL también se dio cuenta de que se había quedado dormido, me envió un mensaje que sólo decía: "Noooo!!!". Todavía hoy nos reímos de aquello, aunque en realidad los dos sabemos que me envió más de 100 mensajes aquel día.

Así llegamos al 20 de marzo, el día que empezaba Magdalena, las fiestas de mi ciudad. Ese año fue un año peculiar. La Magdalena empieza siempre el tercer sábado de cuaresma, por lo que la fecha baila en el calendario en función de cuando sea Pascua. El PP, gobernante en aquel momento, al elegir la fecha de las elecciones generales de 2004, consultó a los presidentes autonómicos. Al preguntar a nuestro presidente autonómico si la fecha del 14 de Marzo le parecía propicia para celebrar las elecciones, éste respondió que no había ningún problema, ya que no coincidiría con el día grande de Fallas (el 19 de Marzo). Obvió totalmente que el día 14 era el día grande de las fiestas de la Magdalena para los castellonenses, el día de la romería, por lo que por primera vez en nosecuantos años de historia de las fiestas, nos las retrasaron una semana (en señal de protesta, muchos de nosotros habíamos ido el mismo día 14 de Marzo (el día original en el que debía ser la romería) a la ermita, llevando crespones negros en las cañas por las víctimas del atentado).

Yo soy una gran amante de estas fiestas y apenas paro por casa, lo que significó que mis conversaciones con J quedaron drásticamente reducidas a unos cuantos mensajes (generalmente a la hora de la siesta) y poco más. ÉL me llamó un día, diciéndome que se había comprado un diccionario de catalán y que tenía una duda que estaba discutiendo con su abuelo. Me pareció entrañable, pero no podía hablar con ÉL porque iba camino a una mascletà. Quedamos en hablar un día entre semana por la noche, ya que yo sabía que llegaría relativamente pronto a casa. Al llegar, me puse el pijama, me metí en la cama y entonces llegó mi hermano y se puso a hablar conmigo. No recuerdo en qué momento me quedé dormida, pero sé que eso me convirtió en la primera de los dos que se había dormido y faltado a una "cita".

ÉL estaba angustiado, lo notaba en sus mensajes. Sentía que yo me alejaba de ÉL. Y era cierto. Esos días que pasé "desconectada" de ÉL me hicieron reflexionar acerca del sentido que podía tener esa relación. Fueron 9 días los que J pasó sin saber apenas de mí y cuando volvimos a hablar el lunes 29, yo estaba decidida a romper con ÉL. Puede que fuera miedo, puede que fuera sensatez, pero eso tenía en mente cuando le llamé.

Pero ÉL contestó al teléfono diciéndome: "Dios, lo siento mucho, pero no sabes lo largos que se me han hecho estos días. No veía el momento de que acabaran las fiestas". Me dejó callada su determinación, la pasión que puso al decirlo, me derretí y todos los sentimientos que había de algún modo apartado durante las fiestas, volvieron a mí como una riada.

Qué poco sabía yo que en 10 días iba a verle por primera vez.

2 comentarios:

Aliena 16 de agosto de 2010, 15:29  

En serio con todo lo que estaba pasando y sentías, de verdad estuviste a punto de romper antes siquiera de haberos visto en persona???

Lorena 5 de septiembre de 2010, 23:10  

Hola Aliena! Me falto muy muy poco...
Besos!

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