Antología de la Zarzuela

Es el CD que J me había grabado y que no paramos de escuchar durante mi primera visita a Málaga. Quería poner aquí las canciones originales extraídas del CD, pero me temo que para cuando se me ocurrió inmortalizarlo, muchas de esas canciones estaban ya rayadas...

Lista de canciones:

01 - Intro

J solía poner siempre un intro y un outro en sus CDs. El intro era la música del comienzo de una película.

02 - Tardes negras - Tiziano Ferro (letra)

Nuestra canción favorita de Tiziano Ferro.



03 - My all - Mariah Carey (letra)

Tan mítica en nuestra historia...


04 - Noches de bohemia - Navajita plateá con Alba Molina (letra)

Esta canción con su punto flamenco, le encanta a J y, curiosamente, a mí ya me encantaba también antes de conocerle. A ÉL le sorprendió que la conociera y la cantara cuando la escuchamos por primera vez en aquel viaje hasta Málaga. Además siempre le hace muchísima gracia que cuando la canto, lo hago con acento andaluz!


05 - Angels - Robbie Williams (letra)

Se ha convertido en otra de las míticas... Nos encanta a los dos e irremediablemente, cada vez que la escucho me acuerdo de ÉL con añoranza.


06 - Dilemma - Nelly feat. Kelly Rowland (letra)

Por esta canción empezamos a llamarnos el uno al otro "boo"


07 - More than words - Extreme (letra)

Otra de las que irremediablemente me recuerdan a J...


08 - Baby can I hold you tonight - Tracy Chapman (letra)



09 - Lo dejaría todo - Chayanne (letra)
La letra más bonita de Chayanne en opinión de ambos.



10 - And I lover her - The Beatles (letra)

Nuestra canción favorita de los Beatles.


11 - Dígale - David Bisbal (letra)

No soy muy de David Bisbal, bueno, en realidad ÉL tampoco. Ésta es la canción que menos me gusta del CD pero reconozco que probablemente sea la más bonita de Bisbal.


12 - Lie to me - Bon Jovi (letra)

Una canción preciosa...



13 - Si tú no estás aquí - Rosana (letra)

La que le cantaba en el coche...

Videos tu.tv


14 - El problema - Ricardo Arjona (letra)

Nuestra canción... y la que da título a este blog...


15 - Bachata rosa - Juan Luis Guerra y 440 (letra)

La canción que nos íbamos escribiendo por mensajes...




16 - The wild ones - Suede (letra)

Ésta no representaba nada especial entre nosotros. Quiero decir que nunca habíamos hablado de ella, es más, creo que nunca he hablado de ella con nadie que no sea J, por lo que se convierta en otra que irremediablemente me trae recuerdos suyos a la mente.


17 - Outro

Gibralfaro y la gastronomía malagueña.

Aquella mañana fue rara. "Rara" en el sentido de "distinta", ya que en vez de levantarnos tardísimo como cada día, madrugamos.

A ÉL le cuesta horrores madrugar. Ya me lo había contado y pude constatarlo. La alarma del móvil había sonado ya varias veces para cuando decidió levantarse. Se incorporó y se quedó mucho rato sentado en la cama, con las mejillas sobre las manos, los codos sobre los muslos. Yo le observaba en silencio, divertida ante la estampa (a mí no suele costarme mucho espabilarme). Tras 5 minutos se levantó y se fue dando tumbos al cuarto de baño.

Salió de allí ya aseado, pero todavía con una cara de sueño tremenda, con los ojos rojos y las ojeras dibujando surcos oscuros alrededor de los ojos. Sí que era cierto que tenía mal madrugar, sí...

Le hice una broma para animarle un poco, se rió, me besó y se fue a trabajar.

Yo me quedé un rato más en la cama, vagueando y medio dormitando. Al rato me levanté con una idea en la cabeza: ¡comprarle un regalo! En unos cuantos días iba a ser su santo, y ya que yo no iba a estar con ÉL, al menos le daría una sorpresa.

Me duché, me vestí y salí a andar por las callecitas que tanto conocía ya. Con eso se me fue pasando la mañana. Finalmente, me hice con un par de detallitos (tampoco es que yo sea mucho de celebrar onomásticas) y volví al hotel para esperarle.

ÉL salió un poco antes de las cuatro de la tarde y pasó a recogerme. En el coche seguía llevando "mi" CD. En esta ocasión, sonaba "Si tú no estás aquí" de Rosana. Yo cantaba sin darme cuenta, mientras por la ventanilla me empapaba de aquella tierra tan distinta a la mía. De la luz, de la gente, del paisaje... Al aparcar, paró el motor del coche y nos quedamos escuchando (y yo cantando) el final de la canción. Al parecer ninguno de los dos podemos apagar el reproductor cuando suena una canción que nos está gustando aunque ya hayamos llegado a nuestro destino.

"Cantas increíblemente bien..." me dijo J con voz dulce sacándome de mi ensoñación. Sonreí, me giré a mirarle y nos besamos. Para mí fue un momento muy especial que aún hoy recuerdo nítidamente.

Cuando por fin salimos del coche, resultó que J me había llevado a una tasca donde comimos tapas típicas de Málaga. Aquella tarde fue también la primera vez que comí cazón en adobo, porra antequerana, gambas al pil pil (que sí las había comido antes, pero llamadas "gambas al ajillo") y también la primera vez que tomé tinto de verano con Fanta de limón... ¡y me encantó!

Era ya muy tarde cuando terminamos de comer. J quería ir al hotel a descansar un rato antes de llevarme a dar una vuelta (¡¡teníamos día y medio enteros por delante!!), así que regresamos para echarnos la siesta.

Dormimos abrazados, y la sensación de nuevo no era como si ése fuera nuestro cuarto día juntos, sino como si lleváramos años durmiendo juntos. ÉL me buscaba si me alejaba y me cogía de la mano. Se acurrucaba contra mí, con una de sus interminables piernas encima de las mías. Yo no tenía mucho sueño, pero estaba tan a gusto que no me habría importado quedarme toda la tarde allí.

ÉL se despertó en esa postura, de costado, con un brazo por debajo de mi nuca, el otro por encima de mi pecho, en un abrazo, y una de sus piernas encima de mí, asiéndome por completo, como si yo fuera su oso de peluche. Empezó a darme besos sonoros y cortos por toda la cara y el cuello. Estaba claro que le había sentado bien la siesta. Su barba se me clavaba en la piel y yo me quejaba en broma. Nos reímos un buen rato jugueteando.

J había decidido que iríamos al Gibralfaro. Íbamos en el coche con nuestro CD puesto sin tregua. Estábamos felices mientras callejeábamos por Málaga y yo seguía fascinada con todo aquello: con las vistas de la ciudad, con sus arrabales, tan diferentes de mi ortogonal ciudad, con mi acompañante, tan apuesto, tan moreno, llevándome de acá para allá. No me faltaba nada... estaba viviendo una experiencia única.

Empezamos a ascender en el trayecto y J me dijo que, si quería, eligiera otro CD del montón que tenía en la guantera. Empecé a escudriñar y apareció uno con dos "P" escritas en él. "¿Éste qué tiene?" - le pregunté. "Me lo grabó mi ex" - contestó ÉL girándose para verlo. Era la primera intromisión de M en toda la estancia, aunque yo sospechaba que alguno de esos mensajes que de vez en cuando ÉL enviaba a ritmo frenético de dedo pulgar eran para ella.

No me importaba. Mi propio ex había decidido ser protagonista un poco de nuestra historia y era de comprender que a uno le cueste despegarse de una persona con la que ha compartido bastante tiempo de su vida.

Por fin llegamos a donde J quería llevarme, que no era desde el castillo en sí, sino un mirador desde el que las vistas de la ciudad eran una maravilla. Apoyados en la barandilla estuvimos admirando en silencio. ÉL apartó su brazo izquierdo y lo pasó a mi alrededor, colocándose detrás de mí, y yendo a dejarlo justo al lado de mi propio brazo izquierdo, sobre la barandilla. Apoyó su cabeza en mi cabeza y nos mantuvimos así un rato, en silencio, absortos. Rompí el embrujo girándome para quedar frente a ÉL, subiéndome al zócalo y besándole. ÉL me abrazaba de una forma que no había hecho en los días anteriores, como con más devoción y ternura y yo me entregaba a su abrazo y a lo deliciosos que me parecían sus labios.

Nos quedamos bastante tiempo así, abrazados en aquel mirador, mientras el resto de personas iban y venían. No nos importaba. Pero entonces empezó a refrescar y decidimos bajar de nuevo. Recuerdo que yo iba descifrando las letras de algunas de las canciones: "More than words", "Baby can I hold you tonight", y sobre todo, "Angels", que nos encantaba a los dos y ÉL me pidió que se la tradujera, pero yo no recordaba el significado de "forsake". "She won't forsake me" dice la canción... No fue hasta justo el día de mi regreso que recordé que "forsake" significa "abandonar, renunciar a algo o alguien". No sabía yo en ese momento lo mucho que me iba a sentir identificada con esa frase más adelante...

Ya por la noche, J me llevó a cenar a un sitio típico, una especie de taberna. ÉL se empeñó en pedir berenjenas con miel, porque sabía que me gustan las berenjenas. Lo que no me atreví a decirle por cortesía es que detesto la miel. Pensé que ÉL comería conmigo y así yo disimularía un poco y comería menos. Resultó que si bien a mí no me gusta la miel, a ÉL no le gustan las berenjenas, así que con gran esfuerzo comí todo lo que pude intentando disimular el disgusto en mi cara. Bebimos vino y de nuevo me llamó la atención la cordialidad de J con todo el mundo, incluidos los camareros y los cocineros, es muy afable y muy sociable, ya intuí ahí que tenía un gran carisma.

Al llegar al hotel, yo había preparado una sorpresa, puse velas que había comprado, quemé algo de incienso aromático y le di lo que le había comprado. No eran gran cosa, pero a ÉL le emocionó que me hubiera acordado. En la tarjeta ponía: "Gracias por vacilarme aquel día", en referencia al momento en el que decidió darme su número de teléfono.

Hicimos el amor. Era casi imposible no hacerlo y nos quedamos dormidos abrazados el uno al otro en la última noche que íbamos a pasar juntos.

Nuestra canción.

Estaba en aquel CD que J me hizo. Nunca había escuchado a Arjona (ahora le adoro). Mientras nos desgañitábamos cantando esta canción, nunca pensé que se convertiría en MI realidad más adelante. A todos y cada uno de sus versos les encuentro relación con mi vida, con mi relación con J. Qué poco lo pensé entonces...

He aquí la letra de la tremenda canción que da nombre a este blog:

El problema no fue hallarte,
El problema es olvidarte.
El problema no es tu ausencia,
El problema es que te espero.
El problema no es problema,
El problema es que me duele.
El problema no es que mientas,
El problema es que te creo.

El problema no es que juegues,
El problema es que es conmigo.
Si me gustaste por ser libre,
Quién soy yo para cambiarte.
Si me quedé queriendo solo,
Cómo hacer para obligarte.
El problema no es quererte
Es que tú no sientas lo mismo.

Y ¿cómo deshacerme de ti, si no te tengo?
¿Cómo alejarme de tí, si estás tan lejos?
Como encontrarle una pestaña a lo que nunca tuvo ojos,
Como encontrarle plataformas a lo que siempre fue un barranco,
Como encontrar en la alacena los besos que no me diste.
Y ¿cómo deshacerme de ti, si no te tengo?
¿Cómo alejarme de ti, si estás tan lejos?
Y es que el problema no es cambiarte...
El problema es que no quiero.

El problema no es que duela,
El problema es que me gusta.
El problema no es el daño,
El problema son las huellas.
El problema no es lo que haces,
El problema es que lo olvido.
El problema no es que digas,
El problema es lo que callas. (-> su verso favorito)

Y ¿cómo deshacerme de tí, si no te tengo?
¿Cómo alejarme de tí, si estás tan lejos?
Como encontrarle una pestaña a lo que nunca tuvo ojos,
Como encontrarle plataformas a lo que siempre fue un barranco,
Como encontrar en la alacena los besos que no me diste.

Y ¿cómo deshacerme de tí, si no te tengo?
¿Cómo alejarme de ti, si estás tan lejos?
Como encontrarle una pestaña a lo que nunca tuvo ojos,
Como encontrarle plataformas a lo que siempre fue un barranco,
Como encontrar en la alacena los besos que no me diste.

Y ¿cómo deshacerme de ti, si no te tengo?
Cómo alejarme de tí, si estás tan lejos?

El problema no fue hallarte, (-> empieza el crescendo que nos pone la piel de gallina)
El problema es olvidarte.
El problema no es que mientas,
El problema es que te creo.
El problema no es cambiarte,
El problema es que no quiero.
El problema no es quererte,
Es que tu no sientas lo mismo.
El problema no es que juegues!
El problema es que es conmigo.


Ricardo Arjona - El Problema (Official Music Video) - The best bloopers are a click away

Mijas.

Aquel sábado iba a ser un día especial. Especial sobre todo porque sería el último que J trabajaría de tarde, al día siguiente trabajaría de mañana y el lunes 12 de abril, el día de mi partida, tenía todo el día libre. Así que teníamos un plan: cenar pronto e irnos a dormir relativamente temprano para que al día siguiente ÉL no estuviese demasiado cansado y poder aprovechar así el día y medio seguido que nos quedaría para estar juntos.

Como cada mañana, me levanté antes que ÉL e hice mi rutinario chequeo en el cuarto de baño para asegurarme de estar presentable. Cuando J se despertó empezamos a hacernos arrumacos e irremediablemente, acabamos haciendo el amor. El sexo mejoraba con cada vez y yo disfrutaba más y más de la sensación de no guardarme nada, de entregarme y gozar con ÉL sin tabúes ni pudores.

Tras el sexo, mientras permanecíamos en la cama, le abrí mi corazón y le conté algo sobre mí que no suelo contar a nadie y que, sin embargo, salió con total confianza y naturalidad. ÉL escuchaba mi relato en silencio, acariciando mi espalda y mi brazo, sin soltarme ni un momento. Tiempo después me contaría que ahí, en esa cama, en ese momento de absoluta franqueza, confianza y vulnerabilidad, se enamoró definitivamente de mí...

Cuando acabé le miré de frente con los ojos expectantes. ÉL me abrazó y me hizo el amor con ternura, con infinito cariño. No hacía falta que me lo dijera, se sentía agradecido de que hubiera compartido algo tan difícil y duro para mí con ÉL.

Otra vez se nos había echado el tiempo encima. Esa mañana ÉL quería llevarme a comer a Mijas. Mientras corríamos para ducharnos, vestirnos y estar listos, me puse a cantar y me dio un arrebato y me puse a bailar vestida encima de la cama (a veces tengo esas cosas...). ÉL me miró pasmado y de repente se echó a reír a carcajadas ante mi payasada y se abrazó a mi cintura sin dejar de reírse.

Nos subimos en el coche y nos fuimos hacia Mijas. ÉL tenía puesto el que sería MI cd y cantábamos una y otra vez "El problema" de Ricardo Arjona mientras debatíamos su nacionalidad (es guatemalteco).

Por fin llegamos al pueblo. Era precioso. Me llevó a ver los burro taxis y dimos un paseo. Luego comimos en un restaurante de allí y me encantó ver la familiaridad con la que se tratan los andaluces. Los dos pedimos solomillo a la pimienta, que resultó ser su plato favorito y uno de los míos. El dueño del restaurante era muy amable. Hablando con él se nos hizo tarde de nuevo y tuvimos que salir pitando para que J no llegara tarde a trabajar.

Otra tarde solitaria de paseo, pero feliz porque mi relación con J iba viento en popa. Me sentía dichosa, contenta. Repasaba en mi mente conversaciones, expresiones suyas, bromas, caricias, momentos, y la sonrisa no se borraba de mi cara.

Volví al hotel y hablé por teléfono con un par de amigas para contarles lo que era evidente por el tono de mi voz: que estaba feliz. Les di todo lujo de detalles sobre ÉL, sobre nuestra relación, nuestras actividades... Con todo esto se pasó la tarde y empecé a arreglarme. J me había enviado un sms diciéndome que saldría pronto, antes de las 23:00h.

Vino a recogerme relativamente temprano (¡aún no me acostumbraba a pasar tanta hambre!) y nos fuimos a una taberna típica a cenar. Yo pedí un bocadillo, un "chicle", lo llaman y me pareció delicioso (aunque claro, estaba hambrienta...). Ahí constaté algo que había estado observando: J es incapaz de decidirse, le apetece todo y, sobre todo, duda por si lo que me hubiera pedido yo fuese a estar mejor que lo suyo! Me hacía infinita gracia. Nos cogíamos de la mano mientras comíamos y siempre estábamos sonriéndonos el uno al otro. No había ni rastro de aquella tensión de los primeros momentos...

Como aún era temprano y J quería aprovechar el tiempo, cuando terminamos de comer nos fuimos a un pub cercano. Era la primera vez que nos encontrábamos en ese ambiente, ya que el resto de días había salido tan tarde de trabajar que sólo con cenar ya nos daban las dos de la madrugada.

El pub estaba bien, había buen ambiente y la música era buena. Nos sentamos en la barra y hablamos durante mucho rato. Lo pasábamos bien. Me contó anécdotas y trucos que utilizaban ÉL y sus amigos para ligar. Me reía a carcajadas.

Después de la copa nos fuimos andando al hotel. De camino me iba contando historias de casi cada rincón que veíamos, cosas de su infancia, de su vida. Me encantaba conocer la ciudad a través de sus ojos. Íbamos cogidos de la mano y yo me iba subiendo a cada escalón o banco para compensar nuestra diferencia de altura y besarle largo y tendido. Estábamos increíblemente a gusto...

Al llegar al hotel decidimos poner (por fin) Torremolinos 73, la película que habíamos alquilado la primera noche en Málaga. Nos pusimos el pijama, nos tumbamos en la cama y, si no recuerdo mal, creo que vimos los 5 primeros minutos, antes de que nuestros besos nos llevaran irremediablemente a algo más... Al terminar, la película había acabado y nos quedamos dormidos exhaustos con la televisión encendida.

El despertar de las emociones

Me desperté relativamente pronto a la mañana siguiente, nuestra segunda mañana juntos. Había dormido muy a gusto, teniendo en cuenta que se podía decir que lo hacía con un desconocido. Por el rabillo del ojo comprobé que J aún dormía, de modo que me levanté sigilosamente y me metí en el baño con la intención de comprobar que mi aspecto no era tan malo como para que se girase, me mirase y le diese un ataque al corazón. Me mojé un poco los rizos deshechos, me hice una coleta, me lavé la cara para tener buen aspecto y los dientes para un aliento bien fresco.

Al volver a tumbarme en la cama, ÉL se despertó y con voz ronca y soñolienta me dijo: "Buenos días, cielo" y se giró y me dio un beso pequeñito en la boca. Empezamos a charlar los dos tumbados en la cama, se estaba tan a gusto... Parecía que poco a poco nos íbamos acostumbrando cada uno a la presencia del otro y la confianza iba haciéndose sitio entre nosotros. Yo puedo ser bastante payasilla y algo debí decir que le hizo reírse a carcajadas. Recuerdo que se giró, me miró y me besó. Los besos cortos y cariñosos condujeron irremediablemente a los más largos y apasionados y éstos a las caricias. Hicimos el amor por segunda vez y fue mejor aún que la primera...



Al poco de terminar, mientras yo estaba apoyada en su hombro, J, que estaba mirando al techo pensativo, me sorprendió diciendo: "Me ha gustado mucho... Me gustaría repetir..." Me hizo tanta gracia que aún me saltan las lágrimas de la risa al pensar en su reflexivo tono de voz mientras pronunciaba esas palabras.



Una vez saciada la sed, llegó el momento de despertar para el resto del mundo. Mientras ÉL se duchaba, encendí mi móvil para comprobar que tenía varias llamadas perdidas de mi ex y algún mensaje de mal talante. Me sentía mal porque empatizaba con su impotencia al ver que yo iba rehaciendo mi vida al margen suyo. Por supuesto, no sabía que yo estaba con otro chico en ese momento, pero sí se daba cuenta de que me había ido de viaje y no estaba muy por la labor de atenderle.



J acababa de salir de la ducha justo en el momento en el que mi móvil sonaba de nuevo. Era mi ex otra vez. Decidí que ya era suficiente y salí a la terraza a decirle que tenía que dejar de reprocharme cosas. Intenté sonar conciliadora pero firme. Mantuve mi cohartada de que estaba con una amiga y sus primos y que nos habíamos encontrado allí con un compañero mío de trabajo. Insistió en hablar con ÉL (para asegurarse de que me trataba bien, me dijo) y me negué. Le dije que no podía seguir así, que no podía intentar controlarme aún en la distancia y cuando nuestra relación además era ya inexistente. Finalmente colgó.



Abrí la puerta corredera de la terraza para entrar en la habitación y de repente me quedé atónita mirándole. J estaba medio recostado en la cama, con la espalda apoyada en el cabecero, sosteniendo con una mano el mando a distancia de la televisión. Llevaba unos vaqueros azules y un polo beige de manga corta y estaba descalzo. Recuerdo aquel momento como si fuera ayer. Yo, congelada en el vano de la puerta y ÉL, con su pelo corto negro como el azabache, su piel morena, tan alto, tan apuesto... Fue la primera vez que racionalicé lo increíblemente atractivo que es. Un momento inolvidable para mí...



Entre "unas cosas" y "otras" se nos había hecho tardísimo, así que comimos en un restaurante chino (que sería escenario de muchas otras comidas y cenas) cercano al hotel y, con la prisa siempre pegada a los talones, J se marchó de nuevo a trabajar. Ese día, que no amenazaba lluvia, me hizo un plano a bolígrafo que aún conservo de sitios que visitar y así se me pasó la tarde, paseando por las callecitas, viendo puestecitos y subiendo y bajando las empinadas cuestas del pueblo.

De vuelta en el hotel volví a enfundarme en su pijama, dejándome llevar por su perfume. J me había dicho que por suerte no tenía mucho trabajo nocturno, por lo que afortunadamente vendría pronto a por mí, de modo que estuve viendo sólo un rato la tele antes de arreglarme para cuando viniera. Llegó relativamente temprano, apenas pasada la medianoche y me dijo que aún le quedaba algo de trabajo, pero que había venido a cenar conmigo y luego ¡sorpresa! me iba a colar en la oficina antes de terminar lo que tenía que hacer.

Fuimos de nuevo a un sitio donde pudiésemos cenar tan tarde y que además fuese rápido y comimos unas mini-pizzas. Era increíble cómo había cambiado el ambiente entre nosotros, estábamos cómodos, a gusto... Nos sosteníamos la mirada y ésta sonreía, con complicidad y con ternura. Cuánto nos reímos aquella noche cenando...

Luego subimos en el coche y nos fuimos hacia su oficina. Aparcó el coche y me dejó dentro para ir a comprobar qué guardia jurado estaba de vigilante, para saber si podría colarme o no. Salió del coche, se lo pensó mejor, volvió a entrar y me dio un apasionado beso en la boca. Me supo a gloria...

Al cabo de muy poco rato reapareció y me dijo que no habría problema. Le había contado al de seguridad que yo era una amiga de la familia y que me llamaba Mari Carmen (no fuera que si decía mi nombre real y luego el de seguridad comentaba algo con algún otro compañero, se hubiesen enterado). Llegamos a la estafeta de seguridad y yo, que creía que tal vez J estaría tenso, me sentía a la vez un tanto inquieta por los posibles problemas que podría causarle... Pero no, J estaba en su salsa. Me presentó como Mari Carmen y hasta me preguntó delante del de seguridad por supuestos miembros de la familia. Yo, aguantándome la risa, tenía que contestarle que sí, que mi tía Pilar estaba bien, y que le agradecía el detalle de acordarse. El guardia jurado no parecía sospechar nada y quiso mantener una (eterna) conversación acerca de libros. Y es que me imagino que trabajar de noche como vigilante debe hacerse muy duro.

Al final pasamos a la oficina propiamente dicha, y nada más cerrar la puerta J me besó con pasión. Era morboso y excitante a partes iguales estar ahí, en esa oficina de mi misma empresa, a escondidas, en el más absoluto secreto, sin que nadie más que nos conociera a ambos lo supiera.

Nos besamos un buen rato y luego ÉL decidió que sería mejor que nos relajásemos, no en vano Juan (el de seguridad) podía aparecer en cualquier momento buscando más conversación. Terminó de arreglar los papeles y lo que debía dejar listo para el turno siguiente mientras yo contemplaba con cariño la oficina que tantas veces había intentado visualizar en mis conversaciones nocturnas con J. Le veía sentado en su silla, esa silla que había sido testigo mudo de tantas y tantas horas de conversación y tenía cierta sensación de irrealidad, como si fuera increíble que yo me encontrase ahí.

No tardó mucho en terminar y por fin nos fuimos. Tanto beso y tantas emociones que hasta ahora habían estado un tanto reprimidas, me estaban pidiendo ya a gritos un verdadero momento de intimidad con ÉL. Llegamos al hotel y en el mismo ascensor, mientras subíamos, prácticamente ya nos íbamos quitando frenéticamente la ropa, al ritmo de nuestros besos acalorados rabiosamente impacientes por llegar a la habitación...

Todo había sido increíble y después, exhausta, me quedé dormida abrazada a J mientras ÉL mesaba mis cabellos...

Largo camino al sur

A las 7 sonó el despertador. Teníamos por delante un largo camino hasta Málaga en su coche y debíamos llegar allí antes de las 16h porque ÉL tenía que entrar a trabajar justo a esa hora.

Me apresuré a levantarme, ducharme y cambiarme en el cuarto de baño. Cuando salí, ya vestida, ÉL estaba sentado en la cama. Me animó a bajar a desayunar y me dijo que ÉL bajaría en seguida.

Le hice caso y me dirigí al buffet. Todavía no podía juzgar si me estaba gustando la experiencia (al menos desde que encendió la luz) pero lo cierto es que no me planteé en ningún momento abandonar y no ir a Málaga.

Me acababa de sentar cuando bajó ÉL. Le recibí con una sonrisa (que ÉL devolvió) y le recomendé algunas cosas interesantes para comer. Cuando se sentó enfrente de mí estábamos tan cortados que no sabíamos qué decir. ¿Qué se dice en estas situaciones cuando ha pasado tooodo lo que había pasado entre nosotros?. Recuerdo algún comentario tonto acerca del yogur, un par de risas forzadas y, por fin, J relajó un poco el ambiente diciéndome que entre los dos rellenáramos el cuestionario de satisfacción del hotel. Advertí aliviada que la tensión iba disminuyendo. ¿Era guapo? Aún no lo había decidido, aunque sí es cierto que le veía mayor, mucho mayor que yo y eso también me intimidaba bastante.

Subimos a por las maletas y, al llegar al ascensor entré y puse mi maleta dentro. Me estaba acomodando y haciéndole sitio cuando, de repente y sin explicación alguna, ÉL decidió bajar por las escaleras. "¡Qué raro!" pensé.

Hicimos el check-out en el hotel y bajamos a por el coche. Habíamos acordado que conduciría yo ya que suelo marearme bastante pero ÉL quiso sacar el coche del garaje ya que la entrada/salida se las traía.

Acababa de enfilar la salida cuando en la primera curva oímos un chirrido: J había rascado un lateral del coche contra la pared. Entró en el coche malhumorado. Parecía que la situación no iba mejorando...

Paramos en una gasolinera y cambiamos de puestos. Después de ajustarme al asiento y los espejos, empezamos la marcha.

J había grabado un CD y yo conocía muchas de las canciones, aunque había algunas que ÉL pasaba. No sabía en ese momento que ese CD lo había grabado para mí, con canciones que le recordaban de algún modo a mí y las canciones que pasaba eran aquellas que resultaban demasiado evidentes, como "My All". Supongo que porque estaba tan cortado como yo. El CD se titulaba "Antología de la Zarzuela, for the heart", en honor a aquella broma que me había hecho la primera noche que nos enviamos mensajes.

La situación entre nosotros seguía siendo muy tensa y fría, a pesar de que antes de salir del coche en la gasolinera, J se había acercado a mí y me había besado en la boca. Era como si no supiéramos qué decir ninguno de los dos para que la situación fuera un poco más "normal". Llevábamos un rato ya de camino entre esa cordialidad fría cuando se me ocurrió que sacara algunas de las rosquilletas que yo había comprado el día anterior. Como yo iba conduciendo, me comía las rosquilletas sin ayuda de las manos. Me ponía una en la boca y simplemente iba royéndola sin sacarla de la boca. ÉL me miraba entre alucinado y divertido y le expliqué fanfarronamente (como si fuera una proeza) que las rosquilletas son la merienda por excelencia en mi tierra y que aquélla era una habilidad adquirida desde hacía años, "baby" añadí guiñándole un ojo.

Le hizo reír a carcajadas y su risa me relajó a mí. No recuerdo qué canción sonaba en ese preciso momento, pero le pregunté si sabía contar la música. Me miró extrañado, "¿¿¿contar la música???". Había captado toda su atención. Le enseñé a identificar las frases y las estrofas musicales. Para alguien que ama tanto la música como J, fue algo increíble aprender algo tan esencial para que exista. De este modo, contando hasta ocho, fueron pasando las horas.

Nos sentíamos a gusto. Yo desde luego lo estaba y ÉL daba muestras de estarlo también acariciando mi mano cuando la tenía sobre el cambio de marchas o poniéndola sobre su pierna. Parecía que el mecanismo empezaba a funcionar...

Faltaban apenas un par de horas para llegar a Málaga y paramos en una gasolinera a reponer. Saqué mi mochila y miré mi móvil. 5 llamadas perdidas de mi madre y de mi ex. Me había metido en un lío, estaba claro.

Lamé a casa y hablé con mi madre, a la que le había mentido diciéndole que pasaría la noche en Oropesa con una amiga y luego las dos nos iríamos con sus primos a Málaga. Al parecer había habido un accidente grave en la autopista a la altura de Oropesa y mi madre estaba preocupada, tanto que, al no dar conmigo, había llamado a todos de cuantos tenía el móvil (incluyendo a mi ex) para ver si alguno tenía el teléfono de mi amiga. Por suerte para mí nadie lo tenía, pero mi ex, puestos a llamar, había llamado a mi trabajo y hasta a una de nuestras oficinas en Alicante. De esto me enteré después de tranquilizar a mi madre y prometerle que tendría el móvil más a mano (cosas de madres, supongo). Llamé a mi ex para decirle que todo estaba en orden y me echó un rapapolvo de los que hacen época. Yo estaba muy incómoda, con J esperando en el coche y mi ex, resentido, echándome por cara que me hubiera ido de viaje y cosas así. A la tensión del momento se le sumó la del empleado de la gasolinera, gritándome que estaba prohibido hablar por el móvil allí. Acabé muy nerviosa, tanto que J me pidió conducir ÉL el resto del camino.

Entre la tensión con mi madre, con mi ex, el cansancio y mi detestable facilidad para marearme, no pude estar de copiloto mucho rato. Tuvimos que parar para que me diera un poco el aire. J se había quedado un tanto sombrío, supongo que expectante. Me había preguntado si estaba bien y si quería hablar de ello, pero yo estaba callada y nerviosa, así que supongo que se le contagió. Además yo sabía que empezábamos a ir mal de tiempo y no podíamos permitírnoslo, porque ÉL tenía que entrar a trabajar en un par de horas!

Me repuse lo mejor que pude y volví a conducir. Cuando llevaba un ratito, J me dijo un poco cortado: "Mejor pon quinta...". ¡No estaba acostumbrada al ruido de su motor diesel y al parecer había llevado el coche en cuarta todo el viaje! ¡¡Y no me dijo nada por si me sabía mal!! En ese momento me sentí avergonzada, pero ahora me hace mucha gracia ese tacto que tuvo, es algo casi de caballeros de otra época.

Finalmente llegamos a nuestro destino y J volvió a conducir. Dejó el coche encima de la acera de enfrente del hotel en el que nos había reservado la habitación. Un hombre del bar de enfrente nos echó la bronca pero J se deshizo de él con mucho arte andaluz. Sacamos las maletas, nos registró en el hotel una chica extranjera, alta y rubia que claramente sonreía a J (algo a lo que tendría que llegar a acostumbrarme) y J se fue a su casa a cambiarse y a "traerme algo".

Al poco rato llegó vestido con uniforme del trabajo y una bolsa enorme con un reproductor de DVDs y varias terrinas llenas de películas grabadas. Me emocionó que tuviera ese detalle conmigo. ÉL sabía que iba a trabajar hasta tarde (estaba de cierre) y le sabía mal que me sintiera sola. Instaló el reproductor, sacó algunas cosas de su maleta y, despidiéndose con un beso rápido, se fue a trabajar.

Me quedé allí sola, en la habitación, sin saber muy bien qué hacer. Iban a pasar muchas horas hasta que volviera a tener compañía, así que decidí ir a dar un paseo por el pueblo, confiando en no perderme. Decidí comer una ensalada en el McDonald's ya que no habíamos comido nada desde las rosquilletas y aproveché para llamar a mi amiga de la oficina de Alicante para asegurarle que estaba viva y contarle lo que en realidad estaba haciendo en Málaga. Fue la única que lo supo en aquel momento.

Cuando sólo llevaba un rato paseando empezó a llover y decidí volver al hotel ya que las nubes no presagiaban nada bueno. No me equivocaba. De repente empezó a llover a mares, parecía que tiraban el agua a cubos. Me asomé a la ventana y me empecé a poner triste. Había sido un día muy intenso y ahí estaba yo, en una habitación de hotel, lloviendo a cántaros, sola... Déjandome invadir por la nostalgia estaba cuando sonó el móvil. Era un mensaje de J y decía así: "¿Te sientes sola en un hotel de una ciudad extraña, lloviendo a mares? No te agobies, cielo, es una aventura, disfrutémosla!". Me reconfortó al instante. J solía tener ese don aunque no lo supiera.

Me puse la camiseta de su pijama de Mr. Bean y me dejé arropar por su perfume, rememorando todo lo que me había llevado hasta ese hotel de Málaga, incluyendo la fantástica noche que habíamos pasado, una experiencia única.

Así, entre recuerdos y su aroma me fui quedando dormida. Me desperté sobre las 22.30h. Sabía que ÉL teóricamente salía de trabajar a medianoche (si no tenía entregas nocturnas) y aproveché para ducharme y ponerme muy guapa, tenía muchas ganas de verle de nuevo...

Me fue enviando mensajes para avisarme de a qué hora más o menos saldría. Resultó ser la una de la madrugada. Yo le estaba esperando en la puerta del hotel cuando llegó en su coche. Aparcamos y me propuso alquilar una película. Me llevó literalmente a rastras, estirando de mi brazo calle arriba y calle abajo de su pueblo, hasta que llegamos al expendedor de películas de su videoclub. Aún no me había acostumbrado a que mi amado J tuviera una imagen real, un físico... Era muy asombroso.

La decisión se me hizo eterna. Entre que yo había visto muchísimas, ÉL otras tantas y encima, de las que quedaban ninguna era nada del otro mundo, yo estaba ya agobiadilla de darle vueltas a la maquinita. Además, me estaba muriendo de hambre. En todo el día había comido un par de rosquilletas y una ensalada. Por fin nos "decidimos" y, en honor a la aventura y pensando que sería una comedia, alquilamos "Torremolinos 73".

"¿Tienes hambre?" me preguntó. Yo, mirándole con ojos llorosos y suplicantes, le dije: "síiiii" y, otra vez agarrándome del brazo, me llevó a un sitio muy especial, una especie de hamburguesería callejera. Está en un pasaje del centro y abren hasta tarde. Las hamburguesas están deliciosas. Bueno... al menos la única hamburguesa que me he comido allí...

Cuando llegamos me quedé fascinada de que exisitiera algo así. "Este sitio es muy típico de aquí" me dijo J. Pedimos y nos apoyamos en la pared para comer. Yo estaba extasiada y miraba feliz mi hamburguesa mientras disfrutaba devorándola. Creo que apenas le miré. ÉL, sin embargo, me contó algún tiempo después que ahí fue cuando por primera vez se paró a mirarme y cuando por primera vez pensó "Qué bonita es...". Ciertamente debía de pensarlo, ya que no me imagino una imagen menos glamurosa de mí misma que comiendo una hamburguesa a las dos de la madrugada...

Había sido un día muy intenso y estábamos agotados, sobre todo ÉL, que incluso había trabajado. Nos fuimos paseando al hotel, esta vez cogidos de la mano. Nos desvestimos con cierto pudor y nos pusimos los pijamas de nuevo. Él me recogió contra su pecho, me besó en la frente y, casi inmediatamente, caímos dormidos.

Esa noche no hicimos el amor. ESA noche...

Su intensa mirada

Estábamos sedientos y hambrientos. Ni siquiera sabíamos qué hora era, pero era consciente de que llevábamos al menos una hora tumbados uno al lado del otro hablando.

Decidimos que era el momento, el momento de vernos por primera vez...

A tientas buscamos nuestros respectivos pijamas y nos los pusimos. Yo, en un ataque de nerviosismo, me espanté al palpar mi pelo enmarañado y deshecho y me apresuré a hacerme una coleta lo más rápido que pude mientras intentaba localizar mi botella de agua y la comida que había comprado entre la más negra oscuridad.

ÉL se sentó con la espalda apoyada en el cabecero y yo me senté al otro extremo de la cama, cara a ÉL.

Encendió la luz, que me cegó y me hizo cerrar los ojos. Por un instante temí abrirlos, era el momento de la verdad. Parpadeando mis pupilas fueron acostumbrándose al torrente de luz que ahora iluminaba la habitación. De repente me daba vergüenza enfrentarme a su mirada, así que empecé a subir la vista poco a poco desde sus rodillas flexionadas.

Llevaba un esperpéntico pijama amarillo lleno de Mr. Beans de dibujos. Una sonrisa se dibujó en mi cara y me infundió un poco más de coraje pero, al llegar a su cara se me cortó la respiración. Dos ojos enormes me miraban sin pestañear.

No podría decir si me pareció guapo o no, ahí estaban esos ojos abiertos como platos, con la mirada fija en mí, sin moverse. No pude aguantar el intercambio y me dediqué a sacar la comida, intimidada. Le hablé de lo que había traído y de otras vanalidades, intentando en todo momento evitar esos dos faros fijos en mí. ÉL apenas emitía monosílabos, estaba pasmado, pero yo no era capaz de identificar si era algo bueno o malo... ¡o tal vez era su forma de mirar! ¿Cómo iba a saberlo yo si era la primera vez que le veía en mi vida?

Pronto nos quedamos sin tema trivial de conversación por lo que bastante cortada le propuse que durmiéramos un rato (¡¡eran las tres y media de la madrugada!!). ÉL aceptó, apagó la luz y nos dimos las buenas noches.

Durmió en el lado izquierdo de la cama, justo al borde, dándome la espalda. Una cosa sí era cierta, era muy alto. Me quedé dormida intentando asimilar todo lo que había pasado esa noche. Entendía que ÉL estuviera de algún modo en estado de shock, ¡yo lo estaba! pero mientras me quedaba dormida valoré que la situación era demasiado incómoda como para que saliera bien...

.
.
.

Me equivocaba...

Piel con piel

Oigo cómo se acerca a donde yo estoy. No le he visto nunca, pero le imagino con los brazos extendidos para no chocar. "Hola" dice de nuevo. "Hola" le contesto. Se pone a mi derecha de cara a mí. Busco su brazo en la oscuridad y cojo su mano. La subo y la pongo debajo de mi cuello, en mi pecho, para que sienta los latidos de mi corazón, esos que están martilleando mis oídos y haciendo palpitar mi cuello de la intensidad.

ÉL deja su mano ahí por unos instantes, la mía sobre la suya. No se acarician, sólo yace una posada sobre la otra. Su piel es sorprendentemente suave. Siento sus yemas, frías por el nerviosismo, en contacto con mi cuello y mi pecho. Pasan unos segundos en silencio.

Entonces, suavemente, gira su mano para asir la mía y la dirige hacia mi derecha, hacia el espacio que intuyo ocupa su cuerpo. Nuestras manos dibujan una diagonal descendente y de repente dudo. Pero no sobre qué es lo que ÉL quiere que toque, sino sobre si debería moverme hacia la derecha para estar de frente a ÉL. Mi frenada en el descenso le hace creer que yo he malpensado acerca de sus intenciones. "No, no, no quería que tocaras "eso"", me dice. Su voz suena tan distinta y familiar a la vez... Risas nerviosas. Finalmente me sitúo delante de ÉL. Mi mano todavía asida por la suya y ÉL continúa hasta ponerla encima de su pierna derecha. Está temblando...

Me quedo inmóvil unos segundos, que parecen minutos, inmersa en ese océano de sensaciones que estoy experimentando: nervios, ilusión, curiosidad, histeria, deseo... y, justo entonces, cogiéndome de mi camiseta del pijama, tira de mí hasta que nuestras caras se encuentran. Su frente roza la mía y en ese momento sus labios buscan a ciegas los míos y se juntan en un corto y suave primer beso. Es un beso de tanteo. Su boca está entreabierta, respiro su aliento, sus labios son cálidos, quiero más. Le beso mientras subo mis manos para rodear su cuello. ÉL responde a mi beso con uno apasionado, con la boca abierta, su lengua acariciando la mía.

Su espalda está apoyada en la pared. Como es mucho más alto que yo, tiene los pies abiertos y muy separados de la pared, para poder estar más bajo. Yo estoy entre sus piernas y, a pesar de su esfuerzo, tengo que estar de puntillas.

Nuestras bocas no se separan, es tanta la intensidad de sus besos que, sin querer, me empuja todo el tiempo hacia atrás, venciendo mi resistencia. Cada vez que se da cuenta, me coge de la parte delantera de mi camiseta del pijama y tira nuevamente de mí hacia ÉL. Me siento pequeña a su lado y eso me hace sonreír.

Con mucho esfuerzo, me separo de su boca y empiezo a besarle el cuello. Le gusta. No gime, pero suspira, suspira excitado y eso me excita a mí. Sus manos inquietas en mi espalda me aprietan contra su pecho. No dejo de besarle, bajo desde su oreja hasta la base de su cuello. Su barba, a pesar de estar afeitada, me roza la piel. Es una sensación maravillosa. Mi lengua dibuja movimientos en la parte delantera de su cuello, subiendo desde su pecho hasta morder su barbilla después de lamer su nuez.

Me coge de la cabeza y lleva mi boca a la suya. Me besa con mucha más intensidad que antes, algo que no creía que fuera posible. Devuelve mis atenciones besando mi cuello, respirando en mi oído, mientras sus manos están a ambos lados de mi cabeza sujetándome, no dejándome mover... como si yo fuera a hacerlo...

Suavemente empieza a empujarme hacia atrás, hacia la cama. ÉL me acompaña en el movimiento y pronto estamos los dos tumbados, ÉL sobre mí, entre mis piernas.

Sus caricias se intensifican y arrancan suaves gemidos de mi boca o, mejor dicho, de mi corazón. Mis manos aprietan su espalda frenéticas y atraen su cintura hacia la mía. Siento su excitación a través de la ropa mientras ÉL, con infinita delicadeza, me quita la camiseta del pijama. Yo le imito sin dejar de besarle y me abrazo a ÉL en un intento de fundir mi cuerpo con el suyo. Mi piel desnuda en contacto a la suya, increíblemente suave, por primera vez...

Premanecemos así abrazados unos instantes. Está encima de mí y sus brazos, larguísimos, me rodean a la altura de los hombros mientras mis manos acarician su espalda. Uno de los mejores abrazos de mi vida, sin duda...

Me da besos pequeños, suaves y dulces mientras desciende por mi cuello, hasta mi pecho desnudo. Gimo de placer...

Su mano derecha se coloca en mi cadera izquierda y tímidamente empieza a bajar mis pantalones. Yo le ayudo sin dejar de besarle ni un segundo. Los suyos también vuelan. No dejamos de movernos, de un lado al otro. Nuestras caricias se vuelven frenéticas, igual que nuestros besos y nuestros gemidos. Tener la cabeza apoyada en el colchón y el movimiento hacen que la venda que cubre mis ojos se salga constantemente. ÉL había estado recolocándomela a cada vez, pero creo que cuando dice "A la mierda" y me la quita, demuestra que se le ha acabado la paciencia. Se quita también la suya, pero la oscuridad es tal que apenas consigo distinguir formas.

Rodamos por la cama y nos prodigamos en placeres y en regalarle caricias al otro durante horas. ÉL alcanza el clímax antes que yo y, lejos de relajarse, me presta toda su exquisita dedicación hasta que irremediable lo alcanzo yo también sólo un par de minutos después. Exhaustos y satisfechos, nos dejamos caer uno al lado del otro, mi cabeza apoyada en su pecho, su brazo rodeándome, su cara (ésa que no he visto) junto a la mía...

J me regaló esa noche el momento más erótico de toda mi vida...

Los latidos del corazón

No sé cómo sucedió, ni qué me impulsó a hacerlo. Aunque recuerdo perfectamente el momento: estoy sentada en mi coche y me llama J por teléfono. No he tenido un buen día y me hace mucha falta hablar con ÉL. De repente le digo, en medio de una conversación de lo más normal:

- ¿Qué día libras la semana que viene? [bum-bum... bum-bum... bum-bum...]

(Un par de segundos de silencio)

- El miércoles... ¿por? - dice ÉL con voz precavida.

- Porque... me gustaría verte... [bumbumbumbum...]

(Un par de segundos de silencio)

- Pues podría ir... - dice con voz dubitativa ahora - Pero, ¿es en serio...?

(Un par de segundos de silencio)

- Sí... [bumbumbumbum...]

Un escalofrío recorre mi espalda y de repente, como si me hubiese atravesado una corriente eléctrica, la alegría me invade. Al otro lado del teléfono puedo percibir que ÉL se siente como yo.

- ¡Qué fuerte, qué fuerte! - dice J sin parar, pero se le nota que está sonriendo.

- Jajaja! - no puedo dejar de reírme, me siento pletórica, feliz.

Será el miércoles 7 de Abril de 2004. El destino ha querido que además ese miércoles sea justo el anterior al puente de Semana Santa y yo tengo vacaciones.

Miles de noches antes hemos fantaseado con cómo sería nuestro primer encuentro. Los dos somos conscientes de que todo va a cambiar a partir de esa primera vez que estemos uno frente al otro y... nos damos cuenta también de que lo nuestro podría acabarse ahí.

Todo ha sido precioso en la distancia, en el anonimato. Nos hemos amado de corazón, nos hemos abierto y expuesto a la otra persona. Nos hemos contado nuestros secretos más profundos, hemos escuchado a la otra persona gemir de placer incontables noches, hemos confesado miedos que nunca antes habíamos expresado. Pero... ¿y después? ¿qué pasará si no hay química? ¿y si no nos gustamos? El futuro es tan incierto...

Una noche, J me había dicho que no se resignaba a la idea de no llegar a besarme nunca y yo opiné que necesitaba hacer el amor con ÉL aunque fuera una sola vez...

Además, después de tanto que habíamos compartido, ¿cómo íbamos a quedar para tomar algo y hablar coloquialmente? Era demasiado frío, demasiado superficial para todo lo que ambos sentíamos...

Y así se le había ocurrido esa idea tan abrumadoramente descabellada y romántica a la vez: la primera vez que nos viéramos, no nos veríamos. Llevaríamos vendas en los ojos y nos besaríamos y haríamos el amor con ellas antes de quitárnolas y ver por primera vez a la otra persona.

Sé muy poco de ÉL físicamente. Sé que es muy alto, que mide más de 1,90m. Sé que es moreno y delgado y he oído un rumor de que entre los compañeros (o compañeras) de las oficinas de al lado a la suya le llaman "el George Clooney de Málaga". Pero lo cierto es que me da igual. No siento inquietud por si me gustará físicamente. J es J y yo le quiero sea como sea.

Los días van pasando entre planes, nervios, más nervios, ilusión y risas (nerviosas). Por fin voy a sentir su mano acariciar mi cara, por fin sentiré su boca en la mía, por fin podré olerle...

Lo tenemos todo planeado: yo reservaré el hotel. Llegaré antes que ÉL y con una de las copias de la llave de la habitación, dejaré mis cosas y luego me iré para darle tiempo a ÉL a llegar, ducharse y arreglarse (después de los 700 y pico kilómetros en coche). Yo volveré mientras ÉL aún esté en el baño y me pondré el pijama porque hemos decidido que ya habrá tiempo para ponernos deslumbrantemente guapos más adelante. Pasaremos la noche aquí en Castellón y luego al día siguiente (ÉL no tiene vacaciones y debe entrar a trabajar por la tarde) iremos juntos a Málaga para pasar 5 días allí.

Unos días antes del "día D" recibo un mensaje de J. Dice: "Por cierto, ¿te he comentado que ya no tengo novia? Te quiero, Lore." Yo no se lo había pedido, pero ese mensaje me hizo feliz. Era estupendo poder disfrutar FÍSICAMENTE de ÉL sin remordimientos, solos ÉL y yo.

El martes 6 apenas podemos dormir. Estamos muy nerviosos, ilusionados y hablando por teléfono como cada noche. A pesar de que no hacemos más que decirnos: "venga, que mañana tienes que hacer un viaje muy largo" o "va, que mañana quiero estar descansado", no podemos colgar. Al final, sobre la medianoche, nos damos las buenas noches con un "Hasta mañana, mi amor".

Y por fin es miércoles!! Tengo que ir a trabajar de 8h a 14:30h. La mañana empieza mal: J tiene problemas para encontrar algo que nos cubra los ojos. ÉL había pensado en comprar esos antifaces para dormir, pero no los encuentra en ningún sitio. Finalmente decide coger un par de pañuelos y se pone en marcha. Es tarde, es casi mediodía. Le voy llamando a lo largo de toda la mañana, le está costando llegar. Le envié unas indicaciones de la Guía Campsa, pero parece ser que elegí el camino más corto y éste le lleva por carreteras secundarias en vez de venir por la autopista que es mucho más fácil. Además ha tenido cierto problemilla con el coche...

Estoy muy nerviosa toda la mañana y ÉL confiesa que también. ¡Por fin dan las 14:30h! Salgo del trabajo, voy a casa, como y me hago la maleta. A mis padres les he mentido, les he dicho que me voy a Oropesa a pasar la noche en casa de una amiga y que al día siguiente nos iremos las dos hacía Málaga con unos primos de ella. Decirle a mis padres: "Voy a pasar la noche en un hotel con un chico al que nunca he visto y luego voy a pasar 5 días con ÉL en Málaga" me parece más de lo que mi madre puede soportar... Aunque yo no podría estar más convencida...

Cojo la maleta y llego al hotel. Me registro y les digo que mi acompañante llegará más tarde y que por favor guarden una de las tarjetas para ÉL.

Subo a la habitación y me quedo impresionada: es enorme y, lo mejor, tiene una cama "king-size" increíble.

Me quedo allí en la entrada con los ojos mirando cada rincón sin podérmelo creer...
[bum-bum... bum-bum... bum-bum,...]

Dejo la maleta en un lado de la habitación preguntándome qué sentirá ÉL cuando llegue y vea mi maleta ahí. Algo mío físicamente en el mismo espacio en el que se encuentre ÉL... por primera vez...
[bum-bum... bum-bum... bum-bum...]

Le envío un mensaje y le digo que le va a encantar la cama. "No tengo la más mínima duda" contesta ÉL socarronamente.
[bum-bum... bum-bum... bum-bum...]

Y me llega otro mensaje suyo. Dice: "Recuerda todo lo que hemos vivido y todo lo que nos ha traído hasta aquí, cariño, porque ésta es nuestra noche".

Entonces, veo una libreta de notas de esas que siempre hay en los hoteles y decido que será una bonita sorpresa dejarle una nota. "Pues ahora, recuérdalo todo tú porque ya se ha hecho realidad... ¡Besos! Lorena. P.D.: Recuerda que yo me quedo el lado derecho de la cama :)" y se la dejo en la almohada.

Me marcho de allí sabiendo que J está ya en Valencia. Al final se ha hecho tardísimo y son más de las 20h. Decido que es posible que no nos dé tiempo a cenar "después de" y en vistas a esto, compro algo para comer y una botella grande de agua. Espero estar sedienta a mitad noche...

J me llama, acaba de llegar al hotel. Ha flipado con la cama. "Me muero de ganas de que estés aquí" me dice.
[bum-bum... bum-bum... bum-bum...]

Voy hacia allí. Se ha puesto a llover torrencialmente. Decido coger un autobús (mi coche se queda en casa porque mañana viajaremos con el suyo). Estoy histérica. Tengo que hacerle una llamada perdida cuando llegue. ÉL me abrirá la puerta y se meterá de nuevo en el baño, para que yo pueda pasar a ponerme el pijama y la venda sin vernos.

Llego al hotel. Son casi las 22h. Subo a la segunda planta. La habitación 201 es la nuestra. Me quedo parada delante de la puerta. El móvil en la mano. El corazón desbocado.
[bumbumbumbumbumbum]

Me armo de valor. Llamo. Me quedo helada cuando oigo, a escasos 2 metros de mí sonar "The final countdown"!! Es ÉL!! Está AHÍ!!!! Sólo nos separa una pared!!!
[bumbumbumbumbumbumbumbumbumbumbumbum]

Alguien abre la puerta, oigo otra (la del baño) cerrarse. Entro en la habitación.
[bumbumbumbumbumbumbumbumbumbumbumbum]

Veo un pañuelo encima de la cama y, al lado, una preciosa rosa roja. Sonrío y la huelo. Me emociona y sonrío de nuevo. Oigo agua correr en el baño. J está a medio metro de mí.
[bumbumbumbumbumbumbumbumbumbumbumbum]

"Hola" dice de repente. Me sobresalto. Su voz, ésa que tantas veces y durante tantas horas he escuchado, me está hablando en directo a través de una pared. Suena algo distinta, pero es ÉL, no hay duda. "Hola!" respondo con la voz entrecortada y una risita un tanto histérica.
[bumbumbumbumbumbumbumbumbumbumbumbum]

Cierro las cortinas, apago la luz y compruebo que no se ve nada ni aunque no lleve la venda. Al final dejo encendida sólo la de la mesita. Me pongo el pijama y me siento en el borde de la cama. Veo mi nota, pero está cambiada. Ahora, debajo de lo que yo he escrito pone:
"Cariño, pase lo que pase, ha merecido la pena venir. Me encantas.
Me voy a duchar que tengo prisa!!!
J. ¿quién si no?"
[bumbumbumbumbumbumbumbumbumbumbumbum]

El agua sigue corriendo en el cuarto de baño. Bebo agua. Dejo la comida encima del escritorio. Bebo más agua. Tengo la boca y la garganta totalmente secas. Me pongo el pañuelo a modo de diadema después de comprobar que no veo nada cuando me tapo los ojos con él. Bebo más agua.
[bumbumbumbumbumbumbumbumbumbumbumbum]

"Salgo, eh?" dice SU voz. Apago la lámpara de la mesita. Miro el reflejo de la puerta del baño en el espejo del pasillo de la habitación. La puerta se abre, una rendija de luz se cuela. Deslizo la venda cubriendo mis ojos...
[BUMBUMBUMBUMBUMBUMBUMBUMBUMBUMBUM!!!]

Las crisis de Marzo de 2004

Y, claro, tenía que pasar. J tenía una semana de vacaciones y, por supuesto, ya tenía acordado pasar algunos de esos días de viaje con su novia. Iban a ir a Portugal, del 11 al 14 de Marzo de 2004.

Puede que sorprenda que lo recuerde tan bien, pero yo fui quien llamó a J a las 9 de la mañana del fatídico 11-M para contarle en absoluto estado de shock lo que había sucedido. Y recuerdo que volvía el 14 porque ése era el motivo de que ÉL no fuese a ir a votar (cosa que a mí me pareció fatal, dada mi pasión por la política...).

Era consciente de que íbamos a pasar unos cuantos días sin hablar (algo inaudito entre nosotros) y entonces fui consciente de que nuestra historia probablemente acabara ahí. Era lógico pensar que después de estar varios días sin tener contacto conmigo y estando con su novia, el buen juicio le hiciese decidir darle una oportunidad a lo suyo, en vez de seguir fantaseando con una persona que vivía a 700 Kms de distancia y a la que nunca había visto.

Con esto en mente, y pensando que no tendría más oportunidades, decidí enviarle un regalo. El paquete contenía una carta muy amorosa, una bolsa de las famosas rosquilletas valencianas, un collar de Andrea Blu, 3 postales de Castellón y el libro de El Alquimista, de Paulo Coelho. Yo había leído recientemente el libro y habíamos hablado de él, y de cómo J me recordaba a Santiago, el chico andaluz que abandona su tierra en busca de un sueño. Lo envié sabiendo que lo recibiría a su vuelta y que tal vez fuera una despedida entre nosotros.

El día del 11-M, el día que se iba, le llamé temprano para contarle lo del atentado porque sabía que aún no se había ido y me sorprendió ver que ÉL estaba como siempre conmigo, no le veía anímicamente distinto con respecto a mí. Sin embargo ahora estoy convencida de que sí que pretendió dar una opotunidad a su relación con ella en ese viaje.

Los días pasaron más rápidos de lo previsto, entre noticias, manifestaciones y comicios y lo cierto es que ÉL no me envió ningún mensaje ni yo a ÉL tampoco. Sin embargo, para mi sorpresa (y para alegría de mi corazón) me envió un sms en cuanto cruzó la frontera: "Acabo de entrar en España, mi amor. No sabes cuánto te he echado de menos".

Y así, retomamos nuestra relación. Lo único que me contó entonces de su viaje fue que no le había gustado, que no dejó de pensar en mí y que se moría de ganas de volver a España.

Y le encantó el paquete, lo recibió como un niño el día de Reyes. Me llamó emocionado, con el paquete aún sin abrir, feliz por el mero hecho de tener algo mío.

J estaba increíblemente cariñoso conmigo, era como si esos días en Portugal le hubieran acercado más a mí en contra de lo que yo creía que podía pasar. Me escribía "Cásate conmigo" mediante el sistema informático de la empresa, me enviaba e-mails cuando se quedaba solo en la oficina, informándome de una captación de clientes en los que aprovechaba para llamarme "mi amor" y, aprovechando que las delegaciones enviaban a la vez los panfletos que los clientes captados habían rellenado, me escribía "Boo" (una forma novedosa en el hablar coloquial de decir "novi@")o "Guapa" en ellos (sabiendo que era yo quien me encargaba de recibirlos)

Y por supuesto, también seguimos hablando a diario. J, en vista de que nuestras facturas de teléfono no bajaban de los 200€, me puso entre sus números favoritos para pagar 0,03€ por minuto y tener 1.000 mensajes gratis al mes. Me convenció para hacer lo mismo.

El día que se lo activaron, me sorprendió con un mensaje a primera hora de la mañana diciéndome: "Eres preciosa, eres increíble y éste es el primero de los 100 mensajes que te voy a enviar hoy".

Y así siguió enviando mensajes durante todo el día. Pero no eran mensajes sin sentido, no, en todos me decía algo coherente e importante para nosotros y todos eran preciosos. ÉL los iba numerando al principio de cada uno, aunque a veces yo advertía que repetía algún número.

Ya tarde por la noche, me llegó el mensaje número 99: "Eres lo más increíble que me ha pasado en la vida... y éste no es el último mensaje". Me quedé dormida aún sin quererlo y cuando me desperté a las 7 de la mañana, empecé a buscar el móvil como una loca por entre mis sábanas. Cuando por fin lo encontré, miré la pantalla ansiosa. No había más mensajes. ¡J se había quedado dormido en el mensaje 99! Me hizo reírme con ganas, pero no le desperté. Pasadas unas horas, cuando ÉL también se dio cuenta de que se había quedado dormido, me envió un mensaje que sólo decía: "Noooo!!!". Todavía hoy nos reímos de aquello, aunque en realidad los dos sabemos que me envió más de 100 mensajes aquel día.

Así llegamos al 20 de marzo, el día que empezaba Magdalena, las fiestas de mi ciudad. Ese año fue un año peculiar. La Magdalena empieza siempre el tercer sábado de cuaresma, por lo que la fecha baila en el calendario en función de cuando sea Pascua. El PP, gobernante en aquel momento, al elegir la fecha de las elecciones generales de 2004, consultó a los presidentes autonómicos. Al preguntar a nuestro presidente autonómico si la fecha del 14 de Marzo le parecía propicia para celebrar las elecciones, éste respondió que no había ningún problema, ya que no coincidiría con el día grande de Fallas (el 19 de Marzo). Obvió totalmente que el día 14 era el día grande de las fiestas de la Magdalena para los castellonenses, el día de la romería, por lo que por primera vez en nosecuantos años de historia de las fiestas, nos las retrasaron una semana (en señal de protesta, muchos de nosotros habíamos ido el mismo día 14 de Marzo (el día original en el que debía ser la romería) a la ermita, llevando crespones negros en las cañas por las víctimas del atentado).

Yo soy una gran amante de estas fiestas y apenas paro por casa, lo que significó que mis conversaciones con J quedaron drásticamente reducidas a unos cuantos mensajes (generalmente a la hora de la siesta) y poco más. ÉL me llamó un día, diciéndome que se había comprado un diccionario de catalán y que tenía una duda que estaba discutiendo con su abuelo. Me pareció entrañable, pero no podía hablar con ÉL porque iba camino a una mascletà. Quedamos en hablar un día entre semana por la noche, ya que yo sabía que llegaría relativamente pronto a casa. Al llegar, me puse el pijama, me metí en la cama y entonces llegó mi hermano y se puso a hablar conmigo. No recuerdo en qué momento me quedé dormida, pero sé que eso me convirtió en la primera de los dos que se había dormido y faltado a una "cita".

ÉL estaba angustiado, lo notaba en sus mensajes. Sentía que yo me alejaba de ÉL. Y era cierto. Esos días que pasé "desconectada" de ÉL me hicieron reflexionar acerca del sentido que podía tener esa relación. Fueron 9 días los que J pasó sin saber apenas de mí y cuando volvimos a hablar el lunes 29, yo estaba decidida a romper con ÉL. Puede que fuera miedo, puede que fuera sensatez, pero eso tenía en mente cuando le llamé.

Pero ÉL contestó al teléfono diciéndome: "Dios, lo siento mucho, pero no sabes lo largos que se me han hecho estos días. No veía el momento de que acabaran las fiestas". Me dejó callada su determinación, la pasión que puso al decirlo, me derretí y todos los sentimientos que había de algún modo apartado durante las fiestas, volvieron a mí como una riada.

Qué poco sabía yo que en 10 días iba a verle por primera vez.

Mi infancia

Mi infancia son recuerdos... de Serrat...

Mi padre tenía una cinta de cassette desde que yo tengo uso de razón (ahora la ha tenido que jubilar porque su coche nuevo no tiene radiocassette, sino cd...) de una actuación de Serrat. No sé cómo puede ser que no se rompiera ni se enrollara (como me pasó a mí mil veces con otras cintas) pero para mí Serrat son mis padres, mi niñez, las canciones a cuatro voces en los viajes en coche y, probablemente, el único artista por el que lloraré cuando un día para mi mal venga a buscarle la parka...

J nació y se crió en el Sur, más alejado de la influencia que los cantautores tuvieron en la generación de nuestros padres sobre todo por la zona más cercana a Cataluña. Yo intenté inculcarle (con poco éxito) mi amor por las letras de Serrat, pura poesía, y debatimos largas horas esa influencia.

Quizás porque mi niñez
sigue jugando en tu playa,
y escondido tras las cañas
duerme mi primer amor,
llevo tu luz y tu olor
por donde quiera que vaya...

Es mi vida... no podría vivir lejos del mar...

La divergencia

Aquí no coincidimos. A él le encanta, le ha visto en concierto y todo y a mí se me atragantó con el "American Woman" y no puedo con él... pero bueno, reconozco que es un buen artista...

Esta canción en concreto era especial para ÉL, un sueño por cumplir que me contó en una de esas noches...


Su frustración

- ¿Cuál es el mejor concierto al que has ido? - me preguntó.
- Michael Jackson, Dangerous Tour del '92!- le dije sin pensármelo
- No me lo puedo creer!! ¿¿¿Has estado en un concierto de Michael Jackson???

Resulta que le encanta y su madre no le dejó ir cuando estuvo de gira por España. Aún ahora a veces le hago rabiar contándole cosas del concierto y ÉL siempre me manda callar!

Ha sido difícil elegir qué canción poner... así que pongo "el clásico" y su favorita:


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Larga vida al Rey...

Su tono de llamada.

Cuando me lo contó me moría de la risa... pero más adelante escuchar ese tono hizo que se me encogiera el estómago y mi corazón latiera a dos mil por hora...

"The final countdown" de Europe.


Aquí tenéis la historia de lo que fue de ellos (para "Anónimo" especialmente ;)! )

Bachata rosa

Un día estaba en el supermercado. Tenía pegada esta canción y decidí enviarle a J un mensaje que decía:

"Te regalo una rosa
la encontré en el camino.
No sé si está desnuda
o tiene un solo vestido"

Él me contestó al rato con la estrofa siguiente... Bueno, con una mezcla de estrofas más bien... Lo que yo no sabía es que se volvió loco intentando acordarse de la letra y, de paso, volvió loca a toda la gente de la oficina para que le ayudara...

Es una versión en directo:

My All

La canción que le canté a J por teléfono...

The Beatles

Si os preguntara cuál es vuestra canción favorita de los Beatles, ¿cuál sería?

La mayoría de la gente responde "Yesterday", "Let it be", "Sargent Pepper's Lonely Heart Club Band", etc.

Extrañamente, J y yo coincidimos sorprendentemente en una, cuanto menos, atípica: "And I love her". Fue un momento de esos que dices: "venga ya! no puede ser!" pero sí, así era...

Nuestra canción favorita

Los dos estábamos de acuerdo en que tanto "Purple rain" como "Loosing my religion" rivalizaban fuertemente con esta canción, probablemente la mejor canción de la historia de la música.

No podía ser otra que "Bohemian Rhapsody" de Queen.




Y la versión que me pone los pelos de punta, Freddie Mercury al piano en el Live at Wembley...

Mi canción favorita

Ésta era mi canción favorita cuando empecé a hablar con J. Ahora ya no la elegiría porque otras canciones, tan importantes en la que ha sido la historia de amor de mi vida, han ocupado este primer puesto...

Introducción

La música ha sido siempre un punto de unión muy importante entre J y yo. Ha sido centro de miles de horas de conversación, nos ha acompañado como banda sonora en muchísimas ocasiones e incluso, en algunos momentos, determinadas canciones han sido casi como una expresión de nuestros propios sentimientos, bueno y malos.

Tanto es así que he decidido inaugurar esta sección, donde iré añadiendo las canciones que hayan sido relevantes en las distintas etapas de "Lo nuestro".

Todas y cada una de estas canciones me transportan a un lugar o un momento concreto de mi historia con J.

Espero que las disfrutéis tanto como yo.

La canción favorita de J

Muy al principio de hablar por teléfono, J me preguntó que cuál era mi canción favorita de todos los tiempos. En ese momento, mi canción favorita era "Loosing my religion" de REM. La suya, según me contó era ésta, "Purple rain" de Prince.

Me ha costado bastante encontrarla ya que al parecer Prince o The Artist o The artist formerly known as Prince o como se llame ahora ha debido ganar algún pleito contra Youtube y allí no está ni una vez con el sonido original.

Aquí os la dejo.


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Y como la calidad es regularcilla, aquí tenéis una versión en directo en la Superbowl creo que de este año. El solo de guitarra está genial.


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Mi alma gemela

Los días pasaban como en una nube y las noches eran un delicioso cóctel multicolor de risas, complicidad, confidencias, deseo, fantasía, sensualidad, amor...

Jamás discutimos. Ni una sola vez. Llevábamos casi tres meses hablando cada noche durante horas y no habíamos encontrado ni un solo desacuerdo entre nosotros. Pero no porque nos diéramos mutuamente la razón, por supuesto teníamos puntos de vista distintos sobre algunos temas, pero nunca fueron contrarios, sino complementarios. ÉL me adoraba, lo sé, y no hay palabras para expresar lo que yo sentía por ÉL. Era mágico. Algo sólo explicable por haber encontrado a tu alma gemela. Era como abrazar el amor. Me sentía tan completa...

Había pasado Carnaval y yo había enviado una foto a la delegación de Málaga (en realidad era una excusa para enviársela a ÉL), en la que sólo se veía mi cara junto a la de una amiga, disfrazadas y sonrientes. ÉL, en cuanto todos se iban de la oficina, abría esa foto y la miraba incansablemente durante horas, a menudo mientras hablábamos.

Las únicas noches que apenas podíamos llamarnos eran las noches que ÉL pasaba con su novia. Como sólo libraba un día a la semana, se iban juntos a una casa que ella tenía en un pueblo en el que apenas había cobertura. ÉL me llamaba de camino allí y hablábamos durante los 45 minutos que le costaba llegar. Aún así, al parecer, ÉL encontró un par de puntos (creo recordar que en la terraza de la casa y encima de un mueble del comedor) donde tenía una rayita de cobertura y dejaba el móvil permanentemente allí para contestar compulsivamente a los pocos mensajes que yo le enviaba cuando sabía que estaba con ella.

Por extraño que parezca, como yo le había conocido en esa situación, a mí no me molestaban esas noches, le echaba terriblemente de menos, pero jamás sentí celos ni nada parecido. De algún modo yo sentía que lo nuestro estaba por encima de aquello, que era algo ajeno, algo solamente nuestro, suyo y mío y de nadie más, y era tan especial que no parecía siquiera terrenal.

Yo le quería. Estaba totalmente entregada a un sentimiento que me superaba, que me hacía claudicar de querer resguardarme, de intentar protegerme. ÉL era más de lo que yo nunca soñé encontrar. No sólo es que fuese inteligente, despierto, ocurrente, simpático, gracioso, dulce y tierno. Es que había algo en ÉL, algo no expresable, como un halo de ternura y paz, que me hacía querer fundirme en ÉL, no separarme nunca de su lado. Y podía notar que ÉL sentía lo mismo. ¿Hay algo más mágico que eso?.

Pero claro, cuanto más me fundía con J en este amor tan extraordinario, más empequeñecido quedaba el cariño que yo sentía por el que aún era mi novio. Un cariño que, aunque profundo, no podía compararse a lo que estaba sintiendo por otra persona.

Mis pensamientos eran todos para J y yo no podía seguir yendo a esconderme para enviarle un mensaje como aquella noche en la que, estando con mi novio en una sala de baile, sonó una versión en bachata de "My All" de Mariah Carey. Hacía unas semanas yo se la había cantado a J por teléfono y ÉL me confesaría más tarde que, mientras me escuchaba en silencio, estuvo convencido de estar enamorado de mí.

Al escuchar la versión de la canción, me fui al cuarto de baño sólo para enviarle un mensaje a J y decirle que estaba sonando esa canción, que me acordaba de él y que no veía el momento de que volviéramos a hablar.

En ese momento, escondida de mi novio en el cuarto de baño, supe que no podía demorarlo más así que un día de principios de marzo le dejé. Fue una ruptura traumática aunque yo hoy por hoy sé que este otro chico tampoco estaba realmente enamorado de mí.

Y ahí estaba yo, compuesta y sin novio y, sin embargo, dichosa, completa y arrebatadoramente ilusionada... de un chico al que jamás había visto.

Cuando le conté que había dejado a (ahora ya) mi ex, ÉL se preocupó por haber sido el causante de la ruptura, por haberle hecho daño a una tercera persona que ninguna culpa tenía de lo que había pasado entre nosotros.

Yo le expliqué que la única responsable era yo, ya que no le había dejado por ÉL sino porque había comprendido que no tenía sentido seguir manteniendo una relación cuando sabes que otros sentimientos, otras sensaciones y otra vida existen ahí fuera. Es posible que alguien nunca haya sentido el amor verdadero y, por este motivo, crea que no existe nada mayor a lo que siente en ese momento. Yo había perdido esa "inocencia", sabía que mi corazón podía latir más y más fuerte de lo que latía por mi ex y en consecuencia ya no podría nunca seguir con él.

Ahora ansiaba ese amor, esa plenitud. De hecho, todavía la ansío. Me he convertido en una inconformista. He sentido el amor verdadero, ya no quiero menos que eso...

Las noches sin dormir y el sexo telefónico

Cada noche, mientras esperaba su llamada o su ok para que le llamara yo, me sentía feliz. Era el mejor momento del día.

Jamás había conocido a una persona como J. No es que nunca hubiese conocido a un chico como ÉL, es que nunca había conocido a ninguna persona, hombre o mujer, con ese carisma, esa candidez, esa dulzura, ese ingenio y, encima, esa gracia andaluza que me volvía loca.

Cada vez era más difícil colgar. Las horas pasaban y pasaban mientras los dos nos descubríamos, mientras nos conocíamos profundamente, mientras nos empapábamos el uno del otro.

Así empezaron las noches sin dormir. Comenzábamos a hablar sobre las 0:00h y, a menudo, colgábamos a las 7:00h para ducharnos e ir al trabajo, donde por supuesto nos las ingeniábamos para seguir en contacto todo el día. Jamás he dormido tan poco. Si no coincidíamos en el turno, yo tenía el encargo de llamarle para despertarle.

"Buenos días", le decía yo. "No hay forma más dulce de despertar" me decía ÉL...

Sólo tenía su voz y aún así me sentía plena, dichosa. Me aprendí cada inflexión de su voz, cada matiz. Aún ahora puedo saber perfectamente qué le pasa o de qué humor concreto está sólo con escuchar su "hola" al descolgar el teléfono.

El vínculo que se iba formando entre nosotros era fortísimo y teníamos una confianza ciega el uno en el otro. ÉL me confesó que pese a lo que yo pudiera pensar, era muy reservado. Me lo dijo porque estaba tremendamente asombrado de lo fácilmente que yo había llegado a su "núcleo" como ÉL lo llama. A mí me hizo gracia la expresión y así nació un término recurrente que utilizaríamos (y a veces aún utilizamos): las capas de valencia de J. Los conocidos de J se agrupan en diferentes capas de valencia según su proximidad al núcleo. Yo era su protón, me decía...

Una noche, mientras alucinábamos por la última y sorprendente coincidencia entre ambos, ÉL me dijo: "Yo... yo... bueno... no sé tú... pero yo... hoy no, pero puede que mañana esté locamente enamorado de ti". El corazón me latió a mil por hora y se hizo un pequeño silencio. Al principio decidí reírme y quitarle hierro al asunto, pero sabía que J estaba sintiendo por mí exactamente lo mismo que yo por ÉL. También esta frase se hizo recurrente en nuestras conversaciones. La usábamos para casi todo: "Yo hoy no, pero puede que mañana tenga ganas de comer kebab (o shawarma como se dice allí)" y así.

Durante horas y noches, me habló de su familia, de su admiración por su madre, de sus problemas con su padre, del matrimonio fallido de ambos, de su amor y devoción por su abuelo, del cariño que le tenía a su primo, que es para él como el hermano pequeño que nunca tuvo.

Yo le conté mil cosas sobre mí, sobre mi familia, sobre mis teorías de la vida (tengo varias, algún día las escribiré). Yo me embebía de la admiración que ÉL me profesaba y, a la vez, yo le adoraba como se adora a esas personas extraordinarias capaces de cambiar tu vida y la vida de las personas que les rodean, esas personas únicas que a cambio de nada te llenan, que son como una brisa fresca y, a la vez, como una oleada de calor por dentro.

Me sentía abrumadoramente afortunada. A menudo le decía que le agradecía aquella vacilada de darme su número y ÉL me decía que la suerte era suya porque yo le había contestado. Yo solía decirle tiernamente: "qué guapo eres...". Refiriéndome, por supuesto a su hermosura como persona ya que seguía sin haberle visto siquiera en foto. Cada vez que le decía esto, le oía suspirar y nos quedábamos un momento en silencio. Le encantaba.

J había empezado con los apelativos cariñosos tan típicos de los andaluces: "cielo", "reina", "cariño" incluso, "corazón", "preciosa", etc. Después yo me uní y también se lo decía. Al poco, ya me decía "me vuelves loco" o, en plan más gracioso y más andaluz: "se me cae la picha a trozos contigo" o "estoy fritito por ti". A mí me hacían tanta gracia sus expresiones...

Y tonteábamos... claro que sí. Teníamos tanta confianza que nos íbamos haciendo bromas cada vez más intencionadamente picantes. Un día le dije: "si seguimos así, dentro de dos semanas nos veo teniendo sexo telefónico". Se partió de la risa, ni siquiera podía imaginarse qué era eso. Yo no me equivocaba.

Así, un día, empezamos con una de esas bromas pero esa vez no la soltamos. Seguimos y seguimos hasta que incluso nuestro tono de voz ya no denotaba gracia, sino emoción. Despacio, con cautela, empezamos a decirnos qué nos gustaría que pasara de estar los dos juntos.

Yo estaba nerviosa, frenética, y a la vez intentaba que mi voz sonara calmada y tranquila mientras le describía de qué forma me habría gustado estar besándole. ÉL me respondía del mismo modo. Yo notaba como mi respiración se aceleraba con cada frase suya: "Te abrazaría y te apretaría tan fuerte contra mí mientras te beso apasionada y profundamente..."

Seguimos subiendo el tono y, por la vergüenza, empezamos a utilizar eufemismos: "Te acariciaría con las yemas de mis dedos y recorrería tu costado, lentamente, suavemente, hasta llegar a... a... ... tu vientre..."

ÉL me dijo en un susurro que estaba muy excitado. Yo le dije que yo también. Tenía las mejillas ardiendo, el corazón desbocado. Todo mi cuerpo le deseaba a morir.

No hizo falta ser claros y precisos. Entre los dos describimos cómo y cuánto nos gustaría estar haciendo el amor. Empezamos a jadear quedamente y le pregunté si se estaba "acariciando" (de nuevo los eufemismos). ÉL me confesó que sí, que no lo podía evitar, que no podía aguantar. Me recorrió un dulce escalofrío por la espalda y le imité.

Apenas hablábamos, sólo nos escuchábamos respirar y jadear al otro lado del teléfono. Los jadeos se convirtieron en suaves gemidos por parte de ambos y el ritmo se incrementó hasta que le oí decir: "Lore...!" y eso me volvió loca de placer.

Cuando el ritmo empezó a relajarse los dos estábamos en silencio. "Hola" le dije y ÉL contestó "ufff... increíble..."

Y entonces lo dijo. Me dijo: "Te quiero, Lore. Estoy enamorado de ti. Eres lo más increíble que me ha pasado en la vida". Yo podía oír los latidos de mi corazón de nuevo y le respondí que yo también de ÉL. Entonces se hizo el silencio. Pero no un silencio incómodo, sino un silencio de felicidad, de plenitud. He leído que cuando dos personas están muy cerca, juntas, sus corazones se sincronizan. Apostaría a que los nuestros latían a la vez en ese preciso instante.

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